sábado 23 de julio de 2011

Jesús vino a buscar y a salvar lo perdido (Lucas 19:1-10)

Para los niños la historia de Zaqueo es sumamente popular. Todos aquellos que hemos tenido la oportunidad de asistir a una escuela dominical, todavía tenemos fresca en nuestra mente cuando cantábamos: Zaqueo era un chaparrito así que vivía en Jericó, y para ver a Jesús a un sicómoro subió. Zaqueo, bájate de ahí, porque a tu casa voy a ir.

Su historia bien puede ser la de muchos de nosotros. El pasado de este hombre no era nada bueno. Agregado a su trabajo despreciable a los ojos del pueblo israelita, Zaqueo tenía todas las de perder religiosamente hablando. El trabajo del publicano era sumamente aborrecido. Su labor consistía en cobrar los impuestos del odiado opresor romano. Debido al abuso del sistema, los publicanos imponían más de lo estipulado en cobrar impuestos. Los subordinados solían ser nativos del lugar donde trabajaban y tenían mala fama. Eran despreciados y considerados ceremonialmente impuros (Mateo 18:17). Eran excomulgados de las sinagogas y excluidos del trato normal con sus compatriotas. Zaqueo no era un simple publicano, era un jefe, alguien importante y que controlaba alguna región llegando a enriquecerse mucho. Debido a la popularidad del Señor Jesús, Zaqueo se da cuenta que este hombre con una reputación especial pasaría por su pueblo y ya sea por lo que sea, anhela verle y saber personalmente quién es Jesús.

La descripción física que da Lucas de Zaqueo, indica que era bajito de estatura. Eso le imposibilitaba ver de cerca al Señor. Las multitudes y su estatura no le ayudaban en nada. Sin embargo, el texto original da a entender que la misma multitud le conocía quién era Zaqueo y por el desprecio que le tenían, no le permitían ver a Jesús. Es importante hacer ver que como iglesia por ninguna razón, debemos imposibilitar a nadie que no vean a Jesús. De hecho, nuestra propia vida debe ser un testimonio viviente de la obra gloriosa y maravillosa de nuestro Señor Jesús en nuestra vida de tal manera que todos vean a Jesús en nosotros. A pesar de la oposición encontrada por Zaqueo, este hombre toma la decisión de subir a un árbol y así ver a Jesús. Se olvidó de todos los demás y se centró en su propia necesidad. Mostró profundo interés. ¿Qué estaba sucediendo en la vida de Zaqueo? Era muy rico, sin embargo, tal parece que había un vacío en su corazón que las riquezas no podían llenar. Zaqueo bien puede representar el hombre que no solo se queda en buenas intenciones sino más bien de aquel que sabe tomar decisiones importantes para su beneficio.

Lucas describe que Jesús en el mismo momento al pasar debajo del árbol donde está Zaqueo y lo llama por su nombre y le pide bajar del mismo debido a que es necesario que pose yo en tu casa (v. 5). Rompiendo las reglas de cortesía, el Señor mismo se invita a quedarse en la casa de Zaqueo. Como siempre en cuanto respecta a la salvación del hombre, Dios siempre ha tomado la iniciativa desde el mismo inicio de la historia humana. Allá en el huerto del Edén cuando nuestros primeros padres pecaron, dice Génesis 3:9, Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Lleno de sorpresa pero de gozo también, Zaqueo rápidamente baja del árbol y recibe al Señor en su hogar. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. La reputación de este hombre según los religiosos de este tiempo, no era buena y no llenaba los requisitos de entonces y quizá de hoy, para que una persona como Jesús le visitase. ¿Hemos caído en las iglesias en estereotipar qué tipo de personas deben entrar a través de nuestras puertas? Tengamos cuidado en no caer en la murmuración y calificar a las personas únicamente por sus apariencias (están engañan). Jesús nos recuerda, Los que están sanos no tienen necesidad de médico…. No he venido a llamar justos, sino a pecadores al arrepentimiento (Lucas 5:31-32).

Los frutos de su conversión no se dejan esperar. He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado (v. 8). La ley tipificaba la restitución de lo robado más una quinta parte del valor del mismo (Lev. 6:4-5, Números 5:6-7). Sin embargo Zaqueo se compromete devolver cuatro veces su valor. Pero no solo eso, su inmensa fortuna se compromete también donar la mitad de ella a los pobres (Lucas 18:18-24, caso contrario del joven rico). Deseamos aclarar, que la decisión de Zaqueo en ningún momento fue como requisito de su salvación. Más bien fue como producto de ella (Ef. 2:8-9). Sus decisiones fueron voluntarias y no exigidas ni solicitadas por el Señor. Al final del pasaje, Jesús afirma, Hoy ha venido la salvación a esta casa…..Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (v. 9-10). A modo de reflexión, ¿estamos tomando el tiempo de llevar el mensaje de salvación a aquellos que consideramos de mala reputación? Recordemos, estas personas también necesitan del amor de Dios que encontramos en la vida de Jesús. Iglesia tenerlo presente, con mi aprecio, el pastor.

jueves 14 de julio de 2011

Las enseñanzas de Jesús sobre la resurrección de Lázaro (Juan 11:1-16)

Mayormente este pasaje se describe como la muerte de Lázaro. Sin embargo sin restarle importancia a su muerte, deseamos dar un enfoque mayormente a la resurrección como un milagro portentoso en la vida y ministerio del Señor Jesús.  Juan 11, relata la situación dolorosa en el seno de la familia de Marta y María, que por cierto, eran muy amigas de Jesús así como Lázaro que se indica que estaba muy enfermo.  Veamos algunos detalles relevantes de este hermoso pasaje.

    No siempre tendremos la respuesta de Dios de manera inmediata (v. 1-6).   Lázaro no estaba simplemente enfermo, se estaba realmente muriendo.  Debido a esta situación alarmante, sus hermanas envían un mensaje a su buen amigo Jesús, he aquí el que amas está enfermo (v. 3).  Sería maravilloso que debido al amor de Dios no experimentásemos ninguna enfermedad.  ¡Pero no es así!    Ellas quizá pensaron:   el amor de Jesús más nuestra petición es igual a ¡sanidad instantánea!  Pero lamentablemente eso no ocurrió.  Cuando el Señor recibe la noticia notamos dos detalles.  Jesús afirma que esa enfermedad era para la gloria de Dios y para que el Hijo fuese glorificado también (v. 4).  Esa fue una palabra personal para ellas pero sin mayores detalles.  Para nosotros lo mejor que hubiésemos recibido era, no se preocupen, Lázaro morirá pero yo lo resucitaré después.  No hubo detalles así.    ¿Pudo Jesús sanarlo instantáneamente?  Obviamente que sí podía, pero no ocurrió así.  La otra situación es que Jesús se quedó dos días más en aquel lugar (v. 6).  Aunque Marta y María no lo pidieron lo que ellas deseaban era la presencia inmediata de Jesús.  Debido a la distancia que había entre ellos, se supone que cuando el Señor recibió la noticia lo más probable es que Lázaro ya había muerto.  A pesar de ello, Jesús se queda dos días más.  Hermanos, Dios no siempre nos responderá como deseamos.

    Jesús prueba nuestra fe en medio de la adversidad (v. 17-27).  Cuatro días después aparece Jesús.  ¿De repente su presencia ya no era necesaria?  ¿Llegó tarde?  Cuando las hermanas de Lázaro se informan de Su presencia, Marta fue en su búsqueda y quizá en tono de desilusión le dice, Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto (v. 21, 32).   Ambas hermanas estaban convencidas que la presencia del Señor habría hecho la gran diferencia.  Pero no, muchos de nosotros quizá hemos sentido alguna vez que nuestras peticiones no las escucha nuestro Dios.  No hay respuesta como queremos o esperamos y en el tiempo que necesitamos Su respuesta.  ¿Qué buscaba Jesús en ellas al llegar aparentemente tarde?   Nosotros ya sabemos el final feliz de esta historia y hasta podemos juzgar la fe de ellas.  Pero tengamos presente que ni Marta y ni María estaban enteradas del final como nosotros.  Ambas hermanas como nosotros, necesitamos que nuestra fe sea transformada y que cambie por una fe fuerte y no quejosa  llena de reclamos.  Con amor y paciencia, Jesús afirma, Tu hermano resucitará (v. 22).  No hay palabras de reclamo del Señor y más bien le brinda consuelo y seguridad.  Ambas cosas son muy necesarias para hoy día.  En los v. 25-26, Jesús hace una declaración de Su divinidad.  Esto lo hace con el fin de retar la fe de Marta.  ¿Crees esto?  (v. 26).  Nuestro Señor desea que ella y nosotros nos movamos nuestra fe a otro nivel.  Marta debía dar una respuesta a la pregunta, ¿crees esto?   Esta pregunta directa necesitaba una respuesta sólida y no vacilante.  Así como Marta, hoy nosotros debemos estar conscientes de quién es Jesús.  Si, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios….(v. 27).   ¿Quién es Jesús para nosotros?

    Cuando creemos veremos la gloria de Dios (v. 38-44).   En Marcos 16:17 encontramos una declaración oportuna para nuestros días, y estas señales, seguirán a los que creen….Lamentablemente hoy hemos cambiado esta situación.  Se predica y se insiste que busquemos primero el milagro para después creer.  La Biblia enseña lo contrario.  Creer que Dios tiene poder para hacer todo lo que quiere por Su divino poder.  Quiten la piedra (v. 39)  fue le orden directa del Señor.  Señor, hiede ya, porque es de cuatro días, objetó Marta.  Ella señaló lo obvio. Jesús lo sabía también.  Hermanos, Dios no siempre hace las cosas de forma lógica según nosotros.  En todo ello, Jesús busca en Marta su hermana y nosotros que la fe vaya por pasos.   Jesús le dijo:  ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?  (v. 40).  Dos detalles relevantes, Jesús reta a María a dar el paso de fe.  Ella debía realmente descansar en la autoridad del Señor.   Y la fe en Jesús debe dar seguridad en nuestra vida.  Hagamos a un lado nuestras quejas y descansemos en Sus manos que son seguras y firmes.  Todos sabemos cómo terminó la historia.  Un milagro que ni Marta, ni María ni los asistentes habían visto.  Ni tampoco se lo imaginaban cómo terminaría.  Pero sin embargo el Señor había afirmado anteriormente, Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.   Nada parecía tener sentido antes, pero ahora sí.  Jesús sigue preguntándonos a nosotros hoy día:  ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?    ¿Crees esto?  ¿Qué responderemos hoy día?   ¿Cuál será tu respuesta?.  Si estás pasando algún momento de duda, busquemos en Jesús la fortaleza de nuestra fe y creamos que él es capaz.  Bendiciones a todos.

viernes 08 de julio de 2011

Promovamos la unidad dentro de la iglesia (Juan 17:11-26)

Saludos amados hermanos del CCF, que hermoso y agradable vernos de nuevo.  A todos bienvenidos sean en el glorioso Nombre de Jesús.

El capítulo 17 de Juan es sumamente importante y muy de moda para la vida actual de la iglesia.  Juan describe lo que se conoce como la oración sacerdotal de nuestro Señor.  Jesús en su oración expresa una serie de peticiones.  Una de esas peticiones tiene que ver con aquellos que creeríamos en el futuro como resultado del ministerio de los apóstoles.   Esta oración se pronuncia después de la última cena (Juan 13).   Lo primero que Jesús manifiesta es que Dios mismo nos ha escogido (v. 6, tuyos eran).  Aquí notamos la Soberanía de Dios al escogernos y darnos al Señor Jesús para que le sirvamos.  

Al mismo tiempo, Nuestro Señor pide protección para nuestra vida (v. 15).  Guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros (v. 11).  Nuestra responsabilidad como Su pueblo es mantenernos unidos en medio del ataque de nuestro enemigo común (1 Pedro 5:8).  Al mismo tiempo es menester mantener el gozo y disfrutar de la vida abundante que Jesús vino a darnos (Juan 10:10, Fil. 4:4).  El gozo genuino viene por fe en Jesús.   Tengamos presente que las adversidades son parte de la vida del creyente y no debe haber sorpresa por ellas (1 Pedro 4:12-13).  

El Señor recuerda en su oración nuestra misión dentro del mundo.  Aunque nuestra labor es dentro del mundo, no debemos nunca acomodarnos a sus exigencias.  Es un llamado a mantener nuestra propia identidad y principios bíblicos.  Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo (v. 18).  No podemos cumplir nuestra misión como iglesia fuera del mundo (Mateo 6:13-16).   Estamos en el mundo sin ser parte de él.  Pero en medio de todo, debemos fomentar la unidad.   Para que sean uno (v. 20-23).  Sin unidad no hay fortaleza sino debilidad.  Para que el mundo crea  que tú me enviaste (v. 21).  La unidad es sinónimo de poder, fortaleza, madurez y credibilidad de la presencia misma de Dios.  La unidad es un mandato no una opción (Ef. 4:3-6,  solícitos en guardar la unidad).  En CCF creemos esto, lo predicamos y promovemos para que el mundo crea que hemos sido enviados por él.  Nuestro testimonio como iglesia será mucho más efectivo obedeciendo la oración de nuestro Señor Jesús.  Mantenerlo presente, con mi aprecio, el pastor.