lunes 21 de noviembre de 2011

Cuando todo falla, Dios tiene la solución

Del escritorio del pastor:   Cuando todo falla, Dios tiene la solución (Lucas 8:40-56)
            En Lucas 8:25 después que Jesús calma la tempestad los discípulos todavía asustados exclaman, ¿Quién es éste que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?  En este pasaje, Jesús volverá a demostrar una vez su poder divino sobre la enfermedad y la muerte.  Después de haber sido rechazado en la región de Gadara donde liberó a un hombre de la posesión demoníaca (Lucas 8:35-35) ahora una gran multitud le recibe con gozo (v. 40).  Aquí Lucas describe dos milagros portentosos.  Veamos los detalles.  Jairo era un principal de la sinagoga.  Era un hombre con cierta posición y posesiones que lo hacían de él un hombre conocido y con influencias.  Sin importar quién es, se llega a Jesús y con una actitud humilde, se postra ante el Señor y le hace una petición angustiosa, le rogaba que entrase en su casa, porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo (v. 41-42).  Con ello afirmamos que no siempre el dinero puede comprar la salud.  Es un atributo únicamente de Dios otorgarla de nadie mas.  Todos podemos entender la angustia de Jairo  y la necesidad urgente de llegar a casa con el Señor y que su hija fuese sanada.
            Mientras van de camino hay una gran multitud que no deja avanzar como quisiese.  En medio de ello, contrario a Jairo que públicamente hace su petición, una pobre mujer que había padecido de un flujo de sangre por doce años y que había gastado todo sin resultado alguno, con fe y determinación, toca el borde del manto de Jesús, y al instante se detuvo el flujo de sangre (v. 44).  ¿Por qué esta mujer usó esa estrategia y no hacerlo como Jairo?  La situación de esta mujer no solo era grave físicamente.  Debido a la ley ceremonial se le consideraba inmunda y no se le permitía tocar a nadie (Lev. 15:25-27).  Probablemente su condición era de conocimiento público y todos le huían incluyendo su propia familia.  No se le permitía asistir a la sinagoga y el templo.  En pocas palabras era una mujer donde había sido excluida de todo evento social y religioso.  Ella recurre a la única persona que podía darle respuesta a su necesidad cuando todo le había fallado.  Mateo 9:21 dice:  porque decía dentro de sí:  Si tocare solamente su manto, seré salva.    La sanidad recibida fue instantánea y completa, al instante se detuvo el flujo de sangre.    Jesús sabiendo lo acontecido hace una pregunta que no fue entendida por sus cercanos colaboradores.  ¿Quién es el que me ha tocado?.  Dijo Pedro y los que con él estaban:  Maestro, la multitud te aprieta y oprime (v. 45).  La mujer al ser descubierta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo, por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sanada.  Y él dijo:   Hija, tu fe te ha salvado, vé en paz (v. 47-48).
            Mientras esto ocurre, Jairo recibe la mala noticia,   Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro (v. 49).  Lo peor que este hombre principal no quería que ocurriese, ocurrió.  La muerte había llegado a su pequeña hija.  Ya no había ninguna esperanza.  Jesús con autoridad y seguridad le dice:  No temas, cree solamente, y será salva (v. 50).  Creo que hoy todos necesitamos escuchar estas palabras y hacerlas nuestras.  El creer es una decisión muy personal.    No podemos creer por otras personas.  Jairo debía ejercitar su fe en que Jesús sí podía hacer algo aun ante la muerte misma de su pequeña hija.  No temer y creer son palabras oportunas para todos nosotros hoy día.  El mundo con toda su problemática nos infunden temor y andamos en la búsqueda de la solución a nuestros temores.  Únicamente en Cristo podemos hallar la respuesta a nuestra necesidad. 
            Hoy es cuando Jairo debe ejercitar toda su fe y confiar que aún muerta, Jesús tiene la solución a ello.  Al llegar a la casa Jesús afirma, No lloréis, no está muerta, sino que duerme (v. 52).   Ante las palabras del Señor, los asistentes se burlan de él.  Sin embargo, Cristo demuestra una vez más su poder y autoridad.  Muchacha, levántate (v. 54, en Marcos 5:41 aparece la expresión en arameo, Talita cumi que significa, Niña, a ti te digo, levántate). 
            Al inicio de esta reflexión, los discípulos se cuestionaban, ¿Quién es éste, que aun a los vientos, y a las aguas manda, y le obedecen?  Pues no solamente la naturaleza la obedece sino aún la misma muerte.  Es Jesús el Señor en quien toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre (Fil. 2:9-11).  Bendiciones a todos.

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