lunes 28 de mayo de 2012

La parábola del hijo pródigo (III parte), Lucas 15:25-32


Del escritorio del pastor:  La parábola del hijo pródigo (III parte), Lucas 15:25-32.
            La parábola del hijo pródigo es la más popular del Señor Jesús.  Esta historia, representa gráficamente la desgracia juvenil de forma insoportable y repugnante para la audiencia judía (v. 1-3).    Un aspecto notable que hace inolvidable este relato es la sensibilidad en la respuesta del padre al retorno del hijo perdido.   El júbilo del padre estaba lleno de tierna compasión.   El otro lado de la moneda, es la triste reacción del hijo mayor.  Éste, no se conmovió en lo más mínimo por el amor hacia su padre.  Su inflexible resentimiento por la misericordia del padre hacia su hermano menor, contrasta crudamente con el tema de Lucas 15, el cual es el gran gozo en el cielo por el regreso de los perdidos.  Tuvo una fría indiferencia por el regreso del hermano y no quiso participar de la fiesta organizada por su padre.    Esta porción debe ser un espejo para nuestro propio corazón y conciencia.
            El hijo mayor recibe la noticia del regreso de su hermano menor.  Sin embargo, la reacción no fue la esperada. ¿Qué era aquello?, exigió una explicación de lo que estaba sucediendo en casa sin su conocimiento.  La respuesta fue inesperada, tu hermano menor ha venido, y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.  La respuesta no era la que deseaba y esperaba.  ¿Por qué papá no le informó inmediatamente de tan feliz noticia?   Sin duda alguna, el hijo mayor no tenía una mejor relación de la que tenía su hermano menor.  Tristemente, el hijo mayor estaba absolutamente separado del padre como cuando su hermano menor se fue de casa.   
            El hijo mayor demuestra su verdadero carácter.  Contrario a lo esperado, primero se enoja.   Aquí demuestra verdaderamente lo que había en su corazón.  Era una buena oportunidad para honrar e identificarse con la alegría de su padre.  Su hermano había regresado con higiene (buena salud corporal, mental y espiritual).  ¿Qué esperaba y deseaba que su padre hiciese con su hermano?  Sencillamente que su padre tirase la puerta en la nariz y humillar a su hermano.  No quiso entrar a la fiesta y disfrutar de la alegría de su padre y de los demás invitados.  Él mismo se excluye y toma una posición legalista y dura.  Aunque sea por curiosidad hubiese entrado a ver a su hermano.
            En el diálogo con su padre, el hijo mayor da una serie de afirmaciones  valederas a su propio juicio.  He aquí tantos años te sirvo (v. 29), el término usado por él es doulos que significa esclavo.  Con desprecio recuerda a su padre como se había matado trabajando.  En pocas palabras, se  sentía como esclavo.   Consideraba que su padre lo había explotado.   Nunca te he desobedecido.  Todo ese tiempo fingió ser bueno y mejor que su hermano menor.  ¿Acaso no estaba desobedeciendo en ese momento?  Era un hijo legalista.  No tenía la menor intención de honrar a su padre.  Nunca me  has dado ni un cabrito.  Le acusa  de ser egoísta y malo con él.   Creyó merecer más y no se le había reconocido suficiente.  Estaba envidioso y celoso pues quería el becerro gordo para él.  Pero cuando vino este tu hijo….has hecho matar para él el becerro gordo.  Recuerda a su hermano con desprecio, tu hijo, no dice, mi hermano.  Descargó toda su ira, enojo, amargura y resentimiento contra su papá.  En vez de alegrarse no participa de la fiesta.  Estaba confundido por la actitud de su padre.  Su hermano había sido restaurado y perdonado y eso lo indignaba.
            La reacción de papá es ejemplar demostrando ternura y paciencia.  Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase (v. 28).  Tratando de ser considerado con su hijo mayor, papá le recuerda, hijo (mi niño)    siempre has estado conmigo, y todas mis cosas son tuyas.  Lleno de dolor por la reacción de su hijo, el padre le trata con la mayor ternura posible.  Le suplica que cambie de actitud.  Papá la hace ver, Era necesario hacer fiesta y regocijarnos…..tu hermano era muerto, y ha revivido, se había perdido, y es hallado.  ¿Cuántos hogares pueden estar viviendo la misma situación?  Hermanos con malas relaciones interpersonales.  Padres que no son respetados, ni honrados ni obedecidos por sus hijos.  Es tiempo de volvernos a la Biblia, la Palabra de Dios y aplicar sus principios y hacer de nuestros hogares mejores lugares para vivir.  Bendiciones a todos. 

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