lunes 01 de octubre de 2012

Principios de vida en José (Génesis 50:15-26


Del escritorio del pastor:  Principios de vida en José (Génesis 50:15-26).
Si nos tocara describir nuestra propia vida, ¿cómo lo haríamos?  ¿Estamos logrando lo que deseamos?  ¿Consideramos nuestra vida exitosa?  El secreto del éxito en nuestra vida, lo determina lo que hacemos cada día con la ayuda de Dios.    Lo mismo sucede con el fracaso.   Nada ni nadie podrá cambiar su vida, hasta que no cambiemos lo que hacemos a diario.
Es como la vida de la hormiga y el saltamontes.  Durante el verano y el otoño la hormiga trabaja sin cesar juntando alimento.  Mientras tanto, el saltamontes juega a lo largo del verano.  Cuando comienza el fresco invierno, la hormiga se va a su hogar y disfruta de la vida mientras el saltamontes se muere de frío  y hambre debido a que se dedicó a jugar.  El saltamontes y muchos de nosotros, no hemos entendido que la única preparación adecuada para el mañana es un buen uso de hoy.  Todos así como José, debemos saber dirigir nuestra vida y así afrontar los retos por venir.   José lo hizo y es un buen modelo a seguir.  La letra de un conocido himno dice:  Cada día Cristo está conmigo, me consuela en medio del dolor.  Pues confiando en su poder eterno, no me afanó, ni me da temor….
            José fue un hombre humilde.  El mundo de hoy nos empuja a buscar el éxito sin importar el precio a pagar.  El síndrome del éxito es en muchos casos sinónimo de orgullo, arrogancia, vanidad y ego muy alto.  1 Juan 2:15-16 nos recuerda:  No améis al mundo…..Porque todo lo que hay en el mundo…..no proviene del Padre, sino del mundo.  Orgullo es la actitud que nos induce a acreditarnos nuestros éxitos, y a culpar a otros por nuestros fracasos.   José demostró ser un hombre humilde.  Tuvo la capacidad de hacer labores que no estaba acostumbrado.  Fue capaz de perdonar a sus hermanos y ratificó que fue Dios no ellos que lo habían enviado a Egipto (Gn. 45:8, 50:18-21).  La Biblia enseña que Dios exalta al humilde y humilla al orgulloso (1 Pedro 5:5-6).
            Compartir el crédito con los demás (Gn. 40:8, 41:16).   La iglesia ha sido llamada a funcionar como el cuerpo humano (1 Cor. 12).  Todos somos importantes en la labor que desempañamos.  Es por ello que debemos vernos como colaboradores no como competidores (1 Cor. 3.5-6).  Pablos nos llama servidores.   Todos tenemos una labor a realizar.  Enfoquémonos en el equipo no en nosotros mismos (Fil. 2:3-5).   José nunca quiso el crédito para él (Gn. 41:33-36).  Después que José interpretó el sueño de Faraón, pudo agregar que él era la persona idónea para ocupar el puesto y así aprovecharse para salir de la cárcel.  Sin embargo no lo hizo.  Recomendó qué hacer pero no con la intención de aprovecharse de la gran oportunidad.  2 Cor. 3:5 dice:  no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios.  Todos debemos tener esa mentalidad, nuestra competencia viene de Dios mismo.
            Dispuesto a renunciar a sus derechos (Gn. 45:11, 15, 50:15-21).  En un mundo tan competitivo donde todos reclamamos y hasta exigimos nuestros derechos, encontramos en Jesús un modelo y ejemplo a seguir.    Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28).   Por ejemplo, en el hogar, los esposos somos llamados a renunciar a nuestros derechos por el bien del otro.  Colaborar en casa.  Tomar de nuestro tiempo para el bien del otro y así por el estilo.  Es la disposición a subordinar nuestros intereses y derechos personales a favor del otro.  José lo hizo.  Confortó a sus atribulados y sorprendidos hermanos cuando se dio a conocer a ellos.    No os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá, porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.   José perdió 13 años de su vida del afecto y cariño de su padre.  Supo entender el propósito de Dios al permitirle venir a Egipto, para preservación de vida.  Sus hermanos no merecían un buen trato, José renunció al derecho de vengarse (el mundo así lo enseña)   José superó esa debilidad y les dio amor (Gn. 45:11), allí te alimentaré…..Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos (Gn. 45:15).  Promovió la reconciliación y demostró no tener ningún rencor alguno.   José pudo ser afectado por el resentimiento, la desilusión y afectarse su personalidad.   Cuidemos nuestro corazón cuando tengamos el poder de hacer el bien o el mal a alguien.  José supo disipar el temor de sus hermanos.  Dejó en las manos de Dios todo y renunció conscientemente a su derecho de vengarse a pesar de….(Romanos 12:17-21).   ¿Cuál es nuestra situación hoy día?  ¿Hemos sido desilusionados por alguien?  ¿Hemos sido ofendidos?  Imitemos a José y sus principios de vida.  No se vengó.  Fue un hombre humilde.  Supo compartir el crédito, honró a Dios con su capacidad de interpretar sueños.  Estuvo dispuesto a renunciar sus derechos.  Tomemos nota de lo anterior, y seamos nuevas criaturas en Cristo olvidando el  pasado y viviendo un presente y futuro mejor.  Bendiciones a todos.   

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