lunes 19 de noviembre de 2012

Y perdónanos nuestras deudas, ¿Perdonando hasta siete? (Mateo 18:23-35)


Del escritorio del pastor:  Y perdónanos nuestras deudas, ¿Perdonando hasta siete?  (Mateo 18:23-35).
            El perdón es un tema que toda iglesia debe cuidar, predicar y promover.  Cuando dejamos de perdonar dejamos de ser iglesia.  Hay muchas razones del por qué hablar de este tema y darle la importancia debida.  Entre otras  cosas: el perdón frustra el orgullo.  Una persona orgullosa cierra toda posibilidad de buscar el perdón.  Cuando perdonamos, estamos mostrando misericordia con aquel que  quizá no la merece (Dios ha hecho lo mismo con nosotros).  Así mismo, el perdón restaura el gozo, afirma el amor entre las personas.  A la pregunta formulada por Pedro, Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí?   ¿Hasta siete?  Jesús le dijo:  No te digo hasta siete, sino aun setenta veces siete (Mateo 18:21-22), Jesús comparte con él sobre los dos deudores.  El tema del perdón en el contexto rabínico, enseñaban que se podía perdonar con un límite de hasta tres veces y para otros era hasta opcional.  Con el hasta siete veces, Pedro quizá pretendía impresionar con su gran generosidad a Jesús y los demás discípulos. Aún saliendo de los límites de entonces, la respuesta de Pedro tenía sabor a rabinismo o legalismo.  No había misericordia ni gracia alguna.  Efesios 2:4-5 dice:  Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).  ¿Cómo esperamos y necesitamos ser tratados?  El perdón no es como una mercancía que se puede  medir, pesar y contar.  Se debe dar libremente y sin límite alguno.  En pocas palabras eso significa la respuesta dada por Jesús.  No te digo hasta siete, sino aun setenta veces siete.  Literalmente son 490 veces pero en sentido práctica y apelando a la misericordia y gracia de Dios, significa que el perdón es dado sin límite alguno.  No llevar cuentas.  Que nunca haya una gota que rebalse o llené el vaso.
            Seguidamente Jesús exponer brillantemente  sobre la parábola de los dos deudores.  El primero tenía una gran deuda de diez mil talentos.  Un denario equivalía al pago del día de un soldado o un jornalero.  Seis mil denarios equivalía a un talento.  Así que diez mil talentos eran el salario de diez mil hombres durante diecisiete años.  Era una cantidad enorme y porque no decirlo, era una deuda impagable.  Este siervo estaba en bancarrota.  No tenía la capacidad de pagarla nunca.   El rey no le queda otro recurso y ordena, venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda (v. 25).  La respuesta de este siervo es sabia, postrado, le suplicaba, diciendo:  Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo (v. 26).  La gracia y misericordia de Dios es nuestra única esperanza.  ¿Acaso este hombre podía pagar toda la deuda?  ¡No!  Fue una promesa que nunca podría cumplir.  Reconoció su deuda pero su promesa nunca la cumpliría.  Era una cantidad impagable.  El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda (v. 27),  ¿Acaso no es lo mismo que hace Dios con nosotros?  Por su amor, misericordia y gracia hemos sido perdonados y salvos.
            Sin embargo la historia no termina ahí.   La falta del espíritu perdonador de este siervo se demuestra en cómo trata a otra persona que tenía una deuda muy pequeña en comparación a la perdonada y no tiene el mismo trato recibido.  Asiendo de él, le ahogaba, diciendo:   Págame lo que me debes (v. 28).  Su reacción fue demasiado severa.  La petición hecha por esta persona debió hacerle eco porque son las mismas palabras dichas por él ese mismo día (v. 26, 29).  Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase le deuda (v. 30).  Aquí de nuevo surge la pregunta de Pedro, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí?  Jesús con este pasaje desea enseñar ayer y hoy, Dios no actúa usando Su justicia sino Su misericordia y gracia inmerecida.  Dios pide así mismo que usemos el mismo trato con nuestro prójimo (Ef. 4:32, ese es el diseño de Dios).  La falta de perdón en nuestras vidas hace que nos volvamos personas amargadas y perdedoras.  Este hombre no usó la piedad recibida anteriormente.  Cuando el rey es informado le hace una severa llamado de atención.  Siervo malvado….¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?....Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas (v. 32, 35, 6:14-15).  En pocas palabras, recibiremos lo que hemos dado.  Es la ley de la siembra y la cosecha.  No te digo hasta siete, sino aun setenta veces siete.  Perdonar sin límite alguno es el diseño de Dios.  Bendiciones a todos.

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