lunes 17 de junio de 2013

El padre que yo quiero ser (Lucas 15:20-24)


El padre que yo quiero ser (Lucas 15:20-24).
            Ser padre hoy día no es una tarea fácil.  La relación del niño con su papá es un factor decisivo en la salud, el desarrollo y la felicidad de ese jovencito o jovencita.   Favor tomemos en consideración lo siguiente (Por Josh McDowell, El padre que yo quiero ser):  La ausencia del padre, es un factor que contribuye más a la delincuencia que la pobreza.   Los índices de crímenes eran más elevados entre adultos que habían sido criados exclusivamente por mujeres.  La presencia y conversación del padre, especialmente durante la comida, estimula al niño a tener un mejor rendimiento en la escuela.   Ser padres, es una labor que debemos ponerle toda la atención debida.  ¿Qué clase de padres hemos sido y queremos ser?
            La parábola del hijo pródigo, describe la reacción del padre, cuando su hijo menor después del fracaso,  toma la decisión de regresar a casa.  Yo quiero ser un padre que recibe al hijo a pesar de…..Ser padre es amar y aceptar incondicionalmente a su hijo a pesar de…..Es sumamente importante y valioso en la relación comunicar amor y aceptación a nuestros hijos y así ser una buena y correcta influencia para ellos.  Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó (v. 20).  ¿Qué merecía este muchacho?   Según la ley mosaica, este muchacho no merecía el amor, misericordia  y perdón de su padre.  Este joven había dañado el honor de la familia.  Por lo tanto no sería anormal que papá no lo recibiese en casa.    Debemos mencionar que no era propio para un hombre adulto, de importancia y digno correr en público.  Sin embargo, eso no era importante.  Estaba ansioso de tener en sus brazos a su hijo.   Pudo enviar a un criado pero lo hizo él.  Lo besó.   Y lo hizo repetidas veces.  Es una escena llena de amor,  emoción y entusiasmo.  No lo merecía pero papá no expresa ningún reclamo, enojo ni castigo alguno.  Todo lo contrario, el hijo recibe amor y comprensión de papá.  Vemos que hasta ese momento, el muchacho no ha dicho ninguna palabra por su rebeldía, sin embargo el perdón estaba muy claro. Cuando el hijo entra al pueblo con papá ya estaba perdonado por él.  ¡Qué hermosa imagen del evangelio de Cristo!  El perdón de Dios sin merecerlo.
            Quiero ser un padre que demuestra amor y aceptación incondicional a mis hijos (v. 22-24).  El hijo trata de justificarse con su padre:  Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo (v. 21).  Al comparar el v. 19 con este, notamos que la última frase hazme como a uno de tus jornaleros no aparece.  Esto es porque sencillamente el hijo nunca lo dijo.  Papá no le dio la oportunidad.  Inmediatamente del emotivo encuentro, papá da una seria de ordenes, que demuestran su amor y aceptación incondicional tomando en cuenta, que el hijo nunca terminó su discurso.  Papá ordena, sacad el  mejor vestido (v. 22).  Había regresado con harapos (se había ido bien vestido, con orgullo y lleno de vanidad).   Regresó pobre y con olor a cerdos.  Papá ordena sacar el mejor vestido no cualquiera.  Era símbolo de alto nivel social y honor.  Debía vestirse no como jornalero sino como hijo distinguido.  Poned anillo en su mano (v. 22).   El anillo es símbolo de autoridad y poder.  El hijo había regresado con la mentalidad de ser aceptado como jornalero.  Pero papá tenía mejor planes para él.  Fue recibido no como jornalero sino como hijo.  ¿Cómo reaccionamos cuando nuestra hija sale embarazada, o el hijo no sale bien en la escuela? Los hijos nunca dejan de serlo pase lo que pase.   Ese anillo tenía el emblema o sello familiar para autenticar documentos legales.  Y calzado en sus píes (v. 22).  Solamente los esclavos andaban descalzos.  Al calzarlo papá lo considera no como esclavo sino como su hijo.  Solamente los amos y sus hijos usaban calzado.  Papa´ está restituyendo a su hijo como hijo.  ¿No debía papá ponerle condiciones, reglas hasta que  este joven demostrara si era digno de confianza?   ¿No era justo esperar ver frutos en él si estaba genuinamente arrepentido? La aceptación de papá es inmediata, incondicional y total.
            Pero no es todo, matad el becerro gordo…..y hagamos fiesta, porque este mi hijo muerto era, y ha revivido, se había perdido, y es hallado.  Y comenzaron a regocijarse (v.  23-24).  El becerro gordo se preparaba para alguna ocasión muy, pero muy especial.  ¿Acaso había alguna mejor que esta?  Comamos y hagamos fiesta.  Hace unos días, este muchacho estaba con hambre y solitario (v. 16).  Hoy papá con su amor y aceptación ha hecho la diferencia con este muchacho, su hijo.  ¡Nada se compara con estar en casa y con los padres!  Ser padres es un privilegio y una gran responsabilidad.  Padres, tratemos de ser lo mejor para que nuestros hijos tengan un buen recuerdo de nosotros.  ¡Feliz día del padre!   Hijos, no olviden honrarles a ellos, porque esto es justo.  Bendiciones a todos. 

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