domingo 04 de agosto de 2013

Frutos al escuchar la Palabra de Dios (Lucas 8:4-15)


Frutos al escuchar la Palabra de Dios (Lucas 8:4-15)
Un proverbio popular dice:  No hay peor ciego que el que no quiere ver.  Así también podemos agregar:  No hay peor sordo que el que no quiere oír.  La parábola  del sembrador tiene mucha enseñanza para la vida de la iglesia de hoy y siempre.  El v. 11 confirma que La semilla es la palabra de Dios.  Enseñarla, predicarla y vivirla es responsabilidad y privilegio de la iglesia y de cada creyente nacido de nuevo.  Marcos 16:15 nos recuerda, Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.  La parábola nos muestra, que no todos respondemos a lo escuchado, dependerá de nuestras prioridades en la vida.  Algunos de los oyentes no dan fruto por los afanes de la vida, las pruebas, las riquezas y los placeres de la vida.  Los frutos en nuestra vida como la obediencia misma necesitan tiempo   Lucas 8:15 dice, ….y dan fruto con perseverancia (paciencia).  ¿Qué clase se terrenos somos?
            El primer tipo de oyente, están junto al camino (v. 12).  Como todos los descritos por Jesús en esta parábola han oído la palabra.  Por lo tanto, no hay ninguna excusa de no haber escuchado alguna vez el evangelio de Cristo.  Sin embargo, este tipo de oyentes,  permiten que Satanás obstruya la obra de Dios en sus vidas.  Luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra para que no crean y se salven.    ¿Tenemos alguna responsabilidad en la obra de Satanás en nuestra vida?   La obra astuta de nuestro enemigo común sigue vigente.  Cuando nuestros corazones no son sensibles a la voz de Dios, el diablo hace que la palabra recibida se pierda y no tenga ningún efecto.  Por un oído entre y por otro sale.  El segundo grupo, se les identifica como los de sobre la piedra o pedregales (v. 13).   Ellos tienen mucho  gozo al recibir la palabra, sin embargo, creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.  Todos en la vida debemos ser probados y todos mas de alguna vez hemos fallado.  Lo importante en esto es que servimos y adoramos al Dios de las tantas oportunidades.  Así también, es oportuno que cada uno de nosotros esté seguro de su conversión genuina en Cristo.  Pablo en 2 Cor. 13:5 pide, Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe, probaos a vosotros mismos.    Jesús nos agrega otro elemento en la vida de este grupo de oyentes, no tienen raíces,   por ello, no tienen una vida espiritual resistente, vigorosa y valiente.  En pocas palabras, no hay convicción alguna en sus vidas y no perseveran.   Todo les afecta y no tienen ningún fruto alguno.  En el tiempo de la prueba se apartan. 
            El tercer grupo de oyentes, se les identifica como entre espinos (v. 14).  Ellos también como todos los demás, han escuchado la palabra de Dios.  Sin embargo el mismo versículo identifica cuáles son esos espinos que ahogan la vida de ellos.  Los afanes, las riquezas, los placeres de la vida y no llevan fruto.  Cuando hablamos de afán, nos referimos a la respuesta o reacción que tenemos a las demandas de la vida y no sabemos cómo manejarlas y estas nos acorralan.  Afán, preocupaciones y stress son experiencias de mucha actualidad para el hombre moderno incluyendo a los hijos de Dios.  Afán viene de un término antiguo que significa  sofocarse o estrangular.  Jesús en Lucas 10:41, visitando a una familia muy querida para él, llama la atención a uno de sus miembros, Marta, Marta, afanada y turbada estas con muchas cosas.  ¿Estamos como Marta?  Las demandas del mundo moderno nos empujan a un consumismo descontrolado y las riquezas con toda su problemática nos inundan cambiando nuestras prioridades en todo sentido.  Proverbios 23:5 dice, ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas?   Porque se harán alas como alas de águila y volarán al cielo.  Así también en 2 Timoteo 6:7 agrega, Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 
            Finalmente, el último grupo se le llama buena tierra, oye y entiende (Mateo 13:23), es un oyente atento con su mente y corazón y es sensible a la voz de Dios.  Tiene un corazón bueno y recto (honesto, justo, noble y equitativo)  hay una búsqueda honesta en saber qué dice la Biblia para él o ella. Bueno significa devoto,  entregado, dado a la verdad.  Retienen la palabra oída (la guarda u obedecen).  No permiten que el enemigo venga y la arrebate (v. 12).  No se dejan presionar por los afanes de la vida, ni las riquezas, ni los placeres etc.  Son perseverantes y lógicamente dan fruto.    ¿Qué tipo de oyentes  clase de tierra somos?   Hemos sido llamados a dar fruto.  No hacerlo es una contradicción.  Así que a poner nuestro mejor esfuerzo en ser buenos oyentes, ser perseverantes y dar fruto para la gloria de Dios.  Bendiciones a todos.  

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