lunes 11 de noviembre de 2013

Iglesias concurridas y almas solitarias (Por Randall Wittig, Apuntes Pastorales, Vol. XXI, #3).

Iglesias concurridas y almas solitarias (Por Randall Wittig, Apuntes Pastorales, Vol. XXI, #3).
            ¿Cuáles son las claves del éxito de su programa?  Se le preguntó a cierto pastor de una iglesia en AL.  Su respuesta no deja de ser sorprendente y desafiante.  Nosotros, los evangélicos, hemos dado gran énfasis al mensaje.  Tomamos tiempo para estudiar, planificar y preparar nuestros mensajes.  Sin embargo, no hemos tomado tiempo para cultivar la amistad ni desarrollar el amor para que la gente se sienta tocada.  De la misma manera que los mensajes con escasa preparación, supuestamente guiados por el ES, producen poco impacto, así también cuando el amor depende de los impulsos, y no es proyectado, planificado y llevado a cabo con diligencia, tiene pocos resultados.
            El amor debe ser espontáneo, y que brota por el Espíritu.  ¿Está acaso Dios indicando que el amor en la iglesia y hacia los no cristianos tiene que ser cuidadosamente considerado y planificado, si es que va a realmente impactar vidas?.  Así como el mensaje dado es planificado hasta tener la convicción de que va a ser eficaz.  Del mismo modo, la expresión de amor necesita ser considerada y planificada.   ¿Cómo se logra que las personas se sientan profundamente amadas?  ¿Qué motiva a las personas a tratarnos bien?  Todo debe ser un proceso y debe ser aprendido cómo hacerlo.  El sector femenil en la iglesia, es un facto clave.  Ellas tienen el don de crear, embellecer  y dar vida.  Ellas necesitan ser apoyadas y darles el lugar que merecen con libertad y así puedan crear un ambiente de vida y amor, y esperamos grandes cambios.  Los pequeños detalles son importantes, y la mayoría de mujeres son detallistas.  En muchos casos, debemos considerar, que lo que es importante para nosotros en la iglesia, no necesariamente lo es para nuestras visitas.  Por ejemplo, en  la mayoría de las iglesias se hace pasar al frente cuando desean estar atrás.  O hacemos que se pongan de pie y pedir sus nombres cuando lo que desean es pasar inadvertidos.  Lo importante es aprender a amar, y muchas veces esto significa lo opuesto de lo que creemos adecuado. 
            El ministerio tiene dos rieles: la verdad por medio de la Palabra de Dios y el amor expresado en forma visible.  Si descuidamos cualquiera de los dos rieles, el tren no anda bien.  Los dos deben andar juntos.  El liderazgo de la iglesia, debe poner toda la atención en cultivar el amor y la comunión entre los hermanos.  Las manifestaciones de compromiso son mayormente accidentales o por el esfuerzo de algún miembro diligente.  En general, sin embargo, no es prioridad que los líderes busquen cultivar.  Tristemente, la iglesia se ha convertido en un lugar adonde vamos y no en una comunidad a la que pertenecemos.  La transformación del concepto de iglesia de una comunidad a un lugar o evento nos ha robado de la transformación dinámica que se produce en la comunión de los santos.  El Apóstol Pablo expresa que la iglesia es un cuerpo, cuyo crecimiento depende no solo de su relación con Dios sino de la interacción de sus miembros:  De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor  (Efesios 4:16). 

            Equivocadamente en la mayoría de las iglesias se sigue esperando que el crecimiento sea producto de los mensajes del pastor o de alguien más.  El credo de los apóstoles declara que no solo creemos en una iglesia, sino que también en la comunión de los santos.  La espiritualidad moderna revela una profunda preocupación en sentir la presencia de Dios, sin que haya interés alguno en sentir la presencia de los que están alrededor  nuestro.  Creemos que es posible adorar sin saber quién es el hermanos que está a nuestro lado o desconocer su necesidad o recibir de sus dones.  Los virus del individualismo y del culto como show,  destruyen el flujo de vida que existe cuando se ofrece apoyo mutuo y un espacio para cada miembro.    La iglesia de los Hechos es un buen ejemplo:  Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros (Hechos 2:42).  Estamos seguros que ha llegado el momento de dar importancia a la comunidad de los santos y no solo a la adoración y la prédica. Bendiciones a todos. 

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