lunes 23 de diciembre de 2013

Jesús dejó su trono por mi (por Dolly Martin Monroe).

Jesús dejó su trono por mi (por Dolly Martin Monroe).
Tú dejaste tu trono y corona por mi, al venir a Belén a nacer.  Mas a Ti no fue dado el entrar al mesón, y en pesebre te hicieron nacer.  Ven a mi corazón, oh Cristo, pues en él hay lugar para ti.  Ha dice la letra de uno de los himnos en esta época que hemos cantado por muchos años y que nos recuerdan el nacimiento glorioso de Jesús.  Cada vez que se canta, no podemos dejar de imaginarnos el trono y la corona que Jesucristo tuvo que dejar a un lado para venir a este mundo ingrato.
            Estudiando el libro de Apocalipsis, el capítulo cuatro encontramos una descripción del salón real de Dios.  La palabra trono se repite 14 veces en este capítulo tan solo en 11 versículos.  Aunque no se describe el trono en sí, se nos ofrece del que está sentado sobre el trono, de los truenos y relámpagos que salen del trono, del arco iris alrededor del trono, del mar de vidrio en frente del trono, y de todos los personajes que están alrededor del trono.     Si usted nunca ha leído este pasaje, le animamos lo haga.  Nos impresionará la actividad que está sucediendo en los entornos de esa silla real.  Los cuatro seres  vivientes no cesan de decir día y noche:  Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.  Al contemplar una escena tan majestuosa, nos preguntamos:  ¿cómo pudo Cristo haber dejado un lugar tan perfecto, tan lleno de gloria y adoración?  Quedamos aún más maravillados cuando leemos el relato del nacimiento de Jesús.  No sólo dejó ese trono, esa comunión con el Padre, y esa adoración de los seres vivientes y los ángeles, sino que escogió el lugar más humilde de la tierra para nacer.  No fue casualidad que nació en un pesebre, sino que él lo planteó de esa manera.  ¿Por qué?   Sólo  existe una respuesta:  amor.  Un amor incomprensible por el ser humano, por mi y por ti.
            Recordando el himno citado al inicio, dice la letra:  ….mas a Ti no fue dado el entrar al mesón y en pesebre te hicieron nacer.  Ven a mi corazón oh Cristo, pues en el hay lugar para ti.  Cada vez que se canta este himno, nos preguntamos si nuestro corazón todavía tiene lugar para Cristo.  Es tan fácil dejar a que las cosas materiales, las actividades, y aun las personas ocupen ese lugar que debe ser reservado para Aquel que tanto nos amó.  Tal vez nuestra fe se ha convertido en rutina y su corazón se ha enfriado hacia Dios.  Hagamos un auto examen y quitemos todo aquello que esté usurpando el lugar que le corresponde sólo a Jesús.  Confesemos nuestro pecado al que es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.  Después con renovado entusiasmo digamos al Señor:  Ven a mi corazón oh Cristo, ven, pues en el hay lugar para ti.

            Sirva esta ocasión para acercarnos al Jesús de la Navidad y que disfrutemos de su amor, gozo, paz y consuelo que únicamente él puede dar.    El anuncio maravilloso sigue vigente con sus beneficios universales:  No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo, que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor (Lucas 2:10-11).  ¡Feliz Navidad!  

martes 17 de diciembre de 2013

Experiencias del Espíritu Santo en la vida del hijo de Dios (Juan 14:15-26).

Experiencias del Espíritu Santo en la vida del hijo de Dios (Juan 14:15-26).
A pocos días que el año 2013 sea historia e iniciar el 2014 con 365 a vivir, nos preguntamos ¿qué ocurrirá el próximo año?  Cuando Jesús estaba por irse, les reveló una promesa que quizá en ese momento no entendieron.  Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros siempre (Juan 14:16).  Otro Consolador, es importante saber que la palabra otro, en el idioma original significa otro de la misma clase, o sea, alguien como Jesús.  Sin duda alguna, todos necesitamos alguien así y nadie mejor que la presencia maravillosa y especial del bendito Espíritu Santo en nosotros.  Contrario a la experiencia en el Antiguo Testamento donde la presencia del ES era temporal, hoy es permanente (Ef. 4:30, Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios,  con el cual fuisteis sellados para el día de la redención).  Esto nos confirma la presencia soberana del ES en la vida de todos los hijos de Dios.  Hoy el ministerio del ES es sumamente variado.  Entre otras cosas, convencer al mundo de pecado de justicia y de juicio (Juan 16:8-11).  Nos sella, bautiza, mora en nuestra  vida y otorga dones al Cuerpo de Cristo que es la iglesia (1 Cor. 12:11).  Sin embargo hay un ministerio fundamental en la vida de cada creyente.  Transformar, sí, transformar.  En 2 Cor. 3:18 encontramos, Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.  Tomando como base Efesios 5:18 donde se nos pide que le permitamos al ES que nos llene y no seremos los mismos, ahí inicia la verdadera transformación. 
            Una experiencia que el hijo de Dios no debe permitir es contristar al ES (Ef. 4:30, Y no contristéis al ES…).  Al leer el contexto del pasaje de Efesios 4:30, el apóstol Pablo describe una serie de obras de la carne entre ellas:  dejar de mentir y hablar verdad (v. 25), de un enojo injusto y descontrolado a uno justo y controlado (v. 26-27), de robar a dar con generosidad (v. 28), de palabras corrompidas a palabras edificantes (v. 29-30), de vicios naturales a virtudes espirituales sobrenaturales (v. 31-32).  ¿Nos hemos puesto a pensar alguna vez que nuestras acciones o estilo de vida entristece al ES de Dios?  Eso es lo que Pablo afirma en Efesios 4:30.  Por ejemplo, un hablar descontrolado entristece al ES.  Nuestro hablar debe ser para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.  Santiago 3:2, 10 nos recuerda,  Porque todos ofendemos muchas veces….De una misma boca proceden bendición y maldición.   Hermanos míos, esto no debe ser así.    Una manifestación clara de la transformación del bendito ES es una boca controlada como también nuestras acciones, sentimientos y pensamientos que proceden del corazón.
            Buen uso de nuestro cuerpo.  Una verdad que a veces es desconocida por muchos creyentes es que Dios mismo vive en nosotros.  ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?   (1 Cor. 6:19).    Nadie debe pasar por alto que debemos tener una correcta mayordomía  es hacer un buen uso de nuestro cuerpo.  El mundo de hoy ofrece tantas maneras de cómo alejarnos de Dios.  Las tentaciones son variadas sin embargo en todo ello, el poder de decisión está en nosotros decir ¡no! a todo aquello que nos aleja de Dios haciendo mal uso de nuestro cuerpo.  No sois vuestros, afirma el apóstol Pablo.  Hay tres detalles respecto a lo anterior. Debemos vivir con temor y temblor (Fil. 2:12).  Debemos andar dignamente o sea, un fuerte llamado de atención a nuestra conducta diaria (Ef. 4:1) y  Cristo nos compró por un precio muy alto (1 Pedro 18-19, sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo….).  Debido a ello, 1 Pedro 1:17 nos recuerda, ….conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación.  El decir que somos el templo de Dios, significa que Dios por medio del ES habita en nosotros. Quizá resulte difícil entenderlo, aceptarlo y creerlo.  Pero la Biblia así lo dice y así es.  Hagamos el mejor uso de nuestro cuerpo y así honramos la presencia de Dios en nosotros.

            Finalmente, una experiencia del ES en nuestra vida es que fácilmente se somete.    El mejor lugar para demostrar la sumisión controlado bajo el ES es el hogar.  Veamos que Pablo nos pide en Ef. 5:18, …antes sed llenos del Espíritu.  Los resultados de esa experiencia no se dejan esperar.  Un mejor hablar (v. 19),  gratitud en nosotros (v. 20).  Las relaciones en el hogar serán de paz y armonía debido a que hay sumisión voluntaria y espontánea en la vida hogareña.  Entre los esposos (v. 21-22), relación padres e hijos (v. 6:1-4) como también en nuestras relaciones laborales (v. 5).  Debemos entender que una persona agresiva no permite ser llena del ES y no se someterá a nadie.  Dios nos ha llamado a ser sumisos.  Una caminar digno viene como resultado de ser lleno del Espíritu Santo.  Dejemos de andar en la búsqueda de fórmulas mágicas o experimentales.  La respuesta está en permitir seguir siendo llenos del Espíritu Santo.  Los resultados se dejarán ver claramente.  Bendiciones a todos.  

miércoles 11 de diciembre de 2013

De esto ¡mejor no hablemos! (Por Esly Carvalho, Apuntes Pastorales, vol. XXI, # 1)

De esto ¡mejor no hablemos!  (Por Esly Carvalho, Apuntes Pastorales, vol. XXI, # 1).
En la iglesia hablamos y enseñamos sobre prácticamente todos los asuntos relacionados con la vida espiritual, sin embargo, uno de los temas que muy rara vez se menciona es el ejercicio de la mayordomía de nuestros bienes porque entendemos, que, en realidad son de Dios.  Pero, surge el tema del cuidado de nuestra salud física parece que nos inmiscuimos en algo sobre lo cual, aparentemente, existe un pacto de silencio.  Nuestro cuerpo también le pertenece a Dios, pues es el templo del Espíritu Santo.  Merece que le dediquemos la misma consideración que le damos a la buena administración de nuestros recursos económicos y materiales.
            Somos enseñados a cuidar y amar nuestros cuerpos.  De hecho, el apóstol Pablo usa esto a modo de ejemplo para ilustrar cómo los maridos deben amar a sus esposas, porque nadie odia su propia carne, sino que la cuida…(Ef. 5:28).  Si el Espíritu Santo vive dentro de nosotros, como de hecho lo hace, entonces debemos cuidar este templo con el mismo respeto y reverencia que los israelitas tenían hacía el templo de Dios en Jerusalén. 
            ¿Cómo debemos cuidarlo?.  Evitar la tendencia a minimizar la atención.  Creemos que la preferencia de las iglesias evangélicas ha sido reducir este cuida a dos simples instrucciones:  o tomar bebidas alcohólicas y no fumar.  Desde luego lo anterior es dañino y deben ser evitadas.  Pero el cuidado del cuerpo no deben en ninguna manera limitarse a ello.    Buscar información sobre nutrición.  Actualmente estamos bien informados sobre cuestiones de nutrición: qué comidas nos hacen daño.  Por eso, debemos buscar información apropiada sobre cuáles comidas evitar para el bien de nuestra salud, y cuáles ingerir (una dieta balanceada que incluya todos los nutrientes necesarios).  Vigilar nuestro cuerpo.  Muchos líderes viven con un importante sobrepeso lo cual puede llevarlos a serios problemas de salud física.  Proverbios 23:2 dice, Aunque tengas mucha hambre, controla tu apetito (VP).  El sobrepeso trae complicaciones de colesterol, diabetes y otras enfermedades que perfectamente pueden evitarse si se tienen buenos hábitos alimenticios.  Además, pone en riesgo la salud de quienes tienen mayor responsabilidad en la iglesia.  Muchos de ellos mueren prematuramente por lo cual dejan de alcanzar su máximo potencial personal y ministerial.  Comer sin control es un claro testimonio de que no nos hemos sujetado al Espíritu en esa área de nuestra vida, pues el fruto del dominio propio y la templanza mencionados en Gálatas 5 están ausentes.  La disciplina en la comida también es el fruto de la obra del Espíritu Santo.  La salud siempre se encuentra en procurar el equilibrio y la moderación.
            Practicar ejercicio físico.  El ser humano en este siglo siglo goza de muchos avances tecnológicos que le facilitan el trabajo y el quehacer cotidiano.  Pero esos avances nos han hecho perder las oportunidades para ejercitarnos físicamente.  Por eso, el pastor y creyente en general debe tomar tiempo semanalmente para hacer algún ejercicio físico.  No debemos menospreciar la importancia del ejercicio físico.  Una buena administración de nuestro cuerpo permite que llevemos adelante nuestros ministerios más eficaces y con menor desgaste al habitual.
            Realizar exámenes médicos periódicamente.  No debemos permitir que el temor y la ansiedad nos impidan hacernos las pruebas médicas básicas.  Muchos de nosotros somos negligentes confiando en que la buena salud va a durar para siempre.    La presencia de trastornos y enfermedades de riesgo pueden ser detectados a tiempo si se realizan las revisiones necesarios.  No debemos olvidar que después de cierta edad una cita anual con el médico es altamente aconsejable. 
            Si logramos implementar estas modificaciones en nuestro estilo de vida, podremos asegurarnos de que nuestros ministerios estén construidos sobre un fundamento más sano y tengan una proyección que nos permita invertir nuestros recursos largo plazo.  Necesitamos lideres y creyentes que muestren con su ejemplo cómo el cristianismo lleva los valores del reino al plano de la expresión física de la vida.  Bendiciones a todos.   

            

lunes 02 de diciembre de 2013

Principios bíblicos de cómo dar a Dios (Deuteronomio 16:10-17).

Principios bíblicos de cómo dar a Dios (Deuteronomio 16:10-17).
            No le parece extraño como un billete de $ 100 se ve tan grande cuando lo llevamos a la iglesia para darlo como diezmo y tan pequeño cuando lo llevamos a la tienda a comprarnos algo para nosotros.  ¿Por qué hablar del diezmo o dinero hoy día?  Debemos reconocer y aceptar que para muchos creyentes nos ponemos incómodos cuando la iglesia habla de asuntos de dinero.  El diezmo es la décima parte de nuestros ingresos los cuales dedicamos a Dios para sostener la obra en Su iglesia como expresión de adoración a Él.  Mucho se cuestiona la validez del diezmo para hoy día aduciendo que el mismo es parte de la ley mosaica y nosotros vivimos en la gracia.  Hay parte de razón en ello.  Sin embargo la Biblia describe por lo menos dos personas que ofrecieron sus diezmos unos 600 años antes de la ley.  En Génesis 14:16-20, Abraham, padre de la fe, después que nuestro Dios le dio la victoria como gratitud ofrece los diezmos de todo lo que había logrado.  Así mismo en Génesis 28:22,  Jacob cuando iba huyendo de su hermano Esaú promete:  esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios, y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.    Jesús en Mateo 23:23, resalta la importancia del mismo cuando confronta a la fariseos de sus prácticas, ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo importante de la ley, la justicia, la misericordia y la fe.  Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.  Aquello a lo que se refiere Jesús es al diezmo.  El diezmar, debe ser como una respuesta a una mayordomía correcta que inicia reconociendo que todo lo que tenemos es y viene de Dios.  David en 1 Crónicas 29:14 dice, …..Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.    Así también no olvidemos que Dios nos llama a ser generosos, ….Más bienaventurados es dar que recibir (Hechos 20:35.
            Un principio bíblico al darle a Dios es que le honramos cuando le damos lo mejor.  El profeta Malaquías 1:6-9,  hace un fuerte reclamo al pueblo y a los sacerdotes debido a la mala calidad de sus ofrendas.  ¿Dónde está mi honra?....¿dónde está mi temor?....Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio ¿no es malo?  Así mismo cuando el cojo o el enfermo, ¿no es malo?....¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas?.    Sin duda alguna, así como en el tiempo del profeta, hoy día tenemos una fuerte tendencia a darle a Dios no siempre lo mejor.  Como creyentes, somos llamados a ser honestos con el darle a Dios.  Dios mismo había establecido cómo debía ser las ofrendas de animal, Deut. 17:1, No ofrecerás en sacrificio a Jehová tu Dios, buey o cordero en el cual haya falta o alguna cosa mala.  Dios no aceptaba como ofrenda ningún animal enfermo, debía ser perfecto, completamente sano (Lev. 1:10, …macho sin defecto lo ofrecerá).
            En Lucas 21:1-4, Jesús honra a una viuda pobre que en contraste de otros que dieron dice, En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.  Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobraba, mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.  Nada hay oculto a la vista de nuestro Dios.  El ve nuestro corazón como también las intenciones cuando damos.  ¿Qué movería a esta viuda pobre a dar todo?  Estamos seguros nunca buscó el reconocimiento de nadie.  Únicamente el deseo de honrar y servir a Dios.  Dar cuando no hay abundancia es sacrificar para Dios y honrarle.  ¿Qué representa lo que damos a Dios?  ¿Lo que nos sobra?
            Otro principio para darle a Dios es hacerlo con alegría.  En Deut. 16:11, 14-15  hallamos lo siguiente,   Y te alegrarás delante de Jehová tu Dios….y estarás verdaderamente alegre.  Encontramos el mismo principio en 2 Cor. 9:7, Dios ama al dador alegre.  No con tristeza ni tampoco bajo ningún tipo de presión alguna.  No estamos de acuerdo con ofrecer promesas porque damos alguna cantidad esperando recibir el doble.  Así mismo, no encontramos bíblicamente hablando, hacer pactos con Dios de tipo financiero.  Cuando damos con la esperanza de recibir nos alejamos del principio bíblico, con alegría, no por necesidad alguna.  Es ahí donde el creyente debe ir al texto bíblico y documentarse qué dice la Biblia y no dejarse engañar bajo promesas de recibir algo.  Desde luego que nuestro Dios bendecirá nuestra fidelidad pero lo hará en su voluntad y no siempre la bendición será material.  Nuestro dar debe ser voluntario.  Tampoco estamos de acuerdo con forzar al creyente que debe dar.  La generosidad debe salir de un corazón agradecido y que da como gratitud por la fidelidad de nuestro Dios.  Finalmente, debemos dar como adoración al Señor.  La forma cómo manejamos nuestras finanzas es una expresión externa de nuestra condición espiritual interna.  David es un buen ejemplo en 1 Crónicas 29:11-14, ….Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre….Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.  Nunca nos parecemos a Dios como cuando damos.  En Juan 3.16 dice, Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.  El mejor ejemplo en dar lo encontramos en nuestro Dios.  Dio lo mejor que tenía, Su Hijo Jesús.  Dios les bendiga a todos.