miércoles 11 de diciembre de 2013

De esto ¡mejor no hablemos! (Por Esly Carvalho, Apuntes Pastorales, vol. XXI, # 1)

De esto ¡mejor no hablemos!  (Por Esly Carvalho, Apuntes Pastorales, vol. XXI, # 1).
En la iglesia hablamos y enseñamos sobre prácticamente todos los asuntos relacionados con la vida espiritual, sin embargo, uno de los temas que muy rara vez se menciona es el ejercicio de la mayordomía de nuestros bienes porque entendemos, que, en realidad son de Dios.  Pero, surge el tema del cuidado de nuestra salud física parece que nos inmiscuimos en algo sobre lo cual, aparentemente, existe un pacto de silencio.  Nuestro cuerpo también le pertenece a Dios, pues es el templo del Espíritu Santo.  Merece que le dediquemos la misma consideración que le damos a la buena administración de nuestros recursos económicos y materiales.
            Somos enseñados a cuidar y amar nuestros cuerpos.  De hecho, el apóstol Pablo usa esto a modo de ejemplo para ilustrar cómo los maridos deben amar a sus esposas, porque nadie odia su propia carne, sino que la cuida…(Ef. 5:28).  Si el Espíritu Santo vive dentro de nosotros, como de hecho lo hace, entonces debemos cuidar este templo con el mismo respeto y reverencia que los israelitas tenían hacía el templo de Dios en Jerusalén. 
            ¿Cómo debemos cuidarlo?.  Evitar la tendencia a minimizar la atención.  Creemos que la preferencia de las iglesias evangélicas ha sido reducir este cuida a dos simples instrucciones:  o tomar bebidas alcohólicas y no fumar.  Desde luego lo anterior es dañino y deben ser evitadas.  Pero el cuidado del cuerpo no deben en ninguna manera limitarse a ello.    Buscar información sobre nutrición.  Actualmente estamos bien informados sobre cuestiones de nutrición: qué comidas nos hacen daño.  Por eso, debemos buscar información apropiada sobre cuáles comidas evitar para el bien de nuestra salud, y cuáles ingerir (una dieta balanceada que incluya todos los nutrientes necesarios).  Vigilar nuestro cuerpo.  Muchos líderes viven con un importante sobrepeso lo cual puede llevarlos a serios problemas de salud física.  Proverbios 23:2 dice, Aunque tengas mucha hambre, controla tu apetito (VP).  El sobrepeso trae complicaciones de colesterol, diabetes y otras enfermedades que perfectamente pueden evitarse si se tienen buenos hábitos alimenticios.  Además, pone en riesgo la salud de quienes tienen mayor responsabilidad en la iglesia.  Muchos de ellos mueren prematuramente por lo cual dejan de alcanzar su máximo potencial personal y ministerial.  Comer sin control es un claro testimonio de que no nos hemos sujetado al Espíritu en esa área de nuestra vida, pues el fruto del dominio propio y la templanza mencionados en Gálatas 5 están ausentes.  La disciplina en la comida también es el fruto de la obra del Espíritu Santo.  La salud siempre se encuentra en procurar el equilibrio y la moderación.
            Practicar ejercicio físico.  El ser humano en este siglo siglo goza de muchos avances tecnológicos que le facilitan el trabajo y el quehacer cotidiano.  Pero esos avances nos han hecho perder las oportunidades para ejercitarnos físicamente.  Por eso, el pastor y creyente en general debe tomar tiempo semanalmente para hacer algún ejercicio físico.  No debemos menospreciar la importancia del ejercicio físico.  Una buena administración de nuestro cuerpo permite que llevemos adelante nuestros ministerios más eficaces y con menor desgaste al habitual.
            Realizar exámenes médicos periódicamente.  No debemos permitir que el temor y la ansiedad nos impidan hacernos las pruebas médicas básicas.  Muchos de nosotros somos negligentes confiando en que la buena salud va a durar para siempre.    La presencia de trastornos y enfermedades de riesgo pueden ser detectados a tiempo si se realizan las revisiones necesarios.  No debemos olvidar que después de cierta edad una cita anual con el médico es altamente aconsejable. 
            Si logramos implementar estas modificaciones en nuestro estilo de vida, podremos asegurarnos de que nuestros ministerios estén construidos sobre un fundamento más sano y tengan una proyección que nos permita invertir nuestros recursos largo plazo.  Necesitamos lideres y creyentes que muestren con su ejemplo cómo el cristianismo lleva los valores del reino al plano de la expresión física de la vida.  Bendiciones a todos.   

            

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