lunes 06 de enero de 2014

¿Cómo puedes estar durmiendo? La historia de Jonás.

¿Cómo puedes estar durmiendo?  La historia de Jonás.
            El mundo está en medio de una crisis.  Las grandes potencias ven destruirse delante de ellos los bastiones que sostenían su esperanza, aquellos en los cuales habían invertido todos sus recursos.  El capitalismo, el sistema económico que prometía recompensar con ganancias el esfuerzo y la empresa personal ha fracasado.  El militarismo como doctrina de poder también ha mostrado su ineficiencia, la ansiada paz mundial sostenida por naciones con un poderío militar nunca se ha podido alcanzar.  La democracia como sistema de dominación se encuentra en escrutinio.
            El libro de Jonás nos presenta una historia que reproduce una situación parecida a la que nos aqueja a nivel mundial.  Cuando leemos el primer capítulo del libro, pareciera que el mundo se está planteando una nueva pregunta.  No se verbaliza, pero se percibe a medida que la gente entra en la crisis:  ¿dónde está la Iglesia?  ¿dónde se encuentra escondida el instrumento de Dios cuando el mundo está en crisis?   ¿En qué se ocupan sus siervos cuando deberían estar respondiendo a las preguntas cruciales del mundo?    Jonás ilustra  esta realidad.   Los versículos 5 y 6 es alarmante:  los marineros y pasajeros de aquel barco están en medio de una tormenta, una situación tan desesperada que cada uno comenzó a clamar a su dios en busca de respuestas.  Todos están desorientados, sin respuesta. De pronto descubren algo terrible:  Jonás se había retirado al fondo de la nave y duerme plácidamente.  El capitán del barco la hace una pregunta lapidaria que recoge la decepción, el desconcierto y la indignación de toda la gente:  ¿Cómo puedes estar durmiendo?  (1:6).
            Esta pregunta explica de la mejor manera el porqué de este antiguo libro, pareciera que el capitán personifica al Señor que pregunta a Jonás, en su momento, y a la iglesia en la hora presente:  ¿cómo puedes estar durmiendo cuando hay miles de personas que no son capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo?  (1:2, 4:11).  ¿Cómo puedes estar durmiendo cuando el juicio de Dios se cierne sobre aquellos que desobedecen su mandato?  (1:4, 2:3, 4:8) y ¿cómo puedes estar durmiendo cuando el mundo está en caos y todos buscan por sus propios medios resolver la situación y solo el pueblo de Dios tiene las respuestas? (1:5, 13).  El capitán de la historia de Jonás debería cobrar vida el día de hoy y preguntarle a la iglesia:  ¿Cómo puedes estar durmiendo?  ¿Cómo te escondes en el fondo de la Iglesia a cantar, a gozar de la comunión con los hermanos?  ¿Cómo no tienes compasión de los que sufren?
            Pareciera que, al igual que Jonás, la Iglesia ha caído en una trampa.  En los  últimos años , estimulada por un crecimiento numérico, ha sido cautivada por el espíritu del mundo.  Al igual que en Wall Street, se premió la eficiencia y la efectividad, pero basada en los mismos valores:  crecimiento económico, ampliación del mercado, fijación de la marca, desarrollo de nuevos segmentos de mercado.  Ahora, sin embargo, cautivada en su trampa, la Iglesia se ve impotente, incapaz de resolver sus propios problemas al ver caer sus índices.  Acaba ocupada en tirar lo que puede para salvar el barco, mientras el mundo se pregunta ¿cómo puede la iglesia estar durmiendo?

            El libro está lleno de lecciones para los cristianos en particular, como para la Iglesia en general.  Estas lecciones nos ayudan a sacudirnos la pereza, despertar de nuestro sueño y comenzar a cumplir el papel que la Iglesia está llamada a desempeñar en momentos como estos.  ¡Levántate!  ¡Clama a tu Dios?  (1:6).  Estos dos imperativos pronunciados por el capitán en medio de la desesperación, al ver que nada funciona.    ¿Dónde se encuentra escondido el instrumento de Dios cuando el mundo está y sigue en crisis?  ¿Acaso seguimos durmiendo tal como Jonás?  La iglesia de hoy no puede ni tampoco debe seguir indiferente a la necesidad del mundo actual.    Pablo en Romanos 10:14 pregunta:  ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?  Concluimos con lo siguiente: Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos (Ef. 5:16).    Despertémonos de esa pereza espiritual y llevemos la luz del evangelio de Cristo a todo aquel que lo necesite.  ¡Esa es nuestra responsabilidad y privilegio!  Bendiciones a todos.

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