lunes 19 de enero de 2015

Derribando nuestra murallas con fe (Hebreos 11:30).

Derribando nuestra murallas con fe (Hebreos 11:30).
La toma de Jericó es una de las batallas donde la victoria no se dio al vencedor por medio convencionales.  Por ejemplo, una estrategia militar brillante.  Un ejército mejor organizado y motivado que el otro.  Mejor armamento o algo similar, sin embargo el texto sagrado no lo dice así.  Tomando como base Hebreos 11:30 donde leemos, Por la fe cayeron lo muros de Jericó después de rodearlos siete días.  Aquí tenemos en pocas palabras la razón del porque los enormes muros de esta ciudad cayeron.  Josué líder de Israel junto con todo el pueblo, no cuestionaron la estrategia militar del Dios Todopoderoso que les guiaba y ordenaba qué hacer. 
            Todos en la vida tenemos murallas que escalar o derrumbar.  Esa muralla puede ser un pasado de abuso que nos ha llenado de dolor, amargura y no hemos perdonado.  Esa muralla puede ser un matrimonio roto, un desastre económico o una grave falla moral.  Esa muralla puede ser una vida espiritual débil o tibia y no podemos salir de ese círculo.  Una gran noticia, no importa cuán alto sea nuestra muralla ¡con Dios podemos subirla o derribarla!  Nuestro Dios es más grande que cualquier muralla.  El Salmo 60:12 dice, En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos. 
            La arqueología confirma que la ciudad de Jericó estaba sumamente fortificada. Tenía un anillo doble de muros.  El externo de casi dos metros de grosor con una altura entre 6 a 9 metros.  La ciudad estaba sobre un monte y debía ser tomada subiendo una pendiente pronunciada lo que colocaba al ejército invasor en desventaja.  Tomar la ciudad de Jericó era de meses forzándole a rendirse o morir de hambre.    ¿Qué pensarían los soldados al ver las altas murallas?   En aquellos tiempos y considerando el contexto de 400 años de esclavitud de Israel era una tarea ardua que debía hacerse con mucho esfuerzo.  Pero en medio de todo, estamos seguros, que Josué no se llenó de temor al ver las murallas, sino más bien, vio la gloria de Dios y una magnífica oportunidad para que Él manifestase Su poder maravilloso.  Ya lo había hecho en Egipto con las diez plagas.  Ya lo había hecho dividiendo el mar Rojo y el río Jordán.  Así para Dios mostrar su poder una vez más no era ningún apuro ni problema para él. 
            Las instrucciones recibidas por Josué de cómo debían actuar para tomar la ciudad, en verdad no corresponden a una estrategia militar  lógica.   El famoso Dr. James Dobson, autor del libro Cuando lo que Dios hace no tiene sentido describe numerosas situaciones donde Dios hace cosas sin sentido para nosotros pero no para Él.  Normalmente tomar una ciudad bien amurallada en aquel entonces, era una tarea ardua, con mucho esfuerzo y tomaba mucho tiempo con perdida de vidas de ambos lados.  Dios ya había prometido darles esa ciudad, Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra (Josué 6:2).  Esa era la promesa pero esta estaba acompañada de algunas instrucciones que debían ser obedecidas fielmente.
            Paciencia que debía mostrarse dando vueltas a la ciudad seis días en silencio  (v. 2-3, 9-10).  Estamos seguros que para los soldados subidos en los muros de Jericó viendo aquella procesión tan extraña  y en silencio debió ser motivo quizá se burla, extrañeza  y no sabemos cuántas cosas más.  La paciencia es fruto del ES (Gál. 5:22), es el aguante, constancia bajo la prueba.  Es la constancia de la fe y la esperanza que no se deja vencer por la espera.  Su fundamento es la promesa del Dios justo.  Salmos 40:1 dice, Pacientemente esperé a Jehová y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.  Si Josué y el pueblo querían ver los muros abajo, debían con fe seguir las instrucciones divinas.  Debían rodear la ciudad seis días en silencio y con toda paciencia.     
            Mantenerse en silencio (v 10, Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga.  Gritad, entonces gritaréis).  ¿Qué hacemos cuando nos encontramos en alguna situación complicada o desesperante?  El guardar silencio es lo que menos hacemos.  Tratamos de buscar ayuda donde sea posible y comunicar nuestra situación con todos los que podamos.  El Salmos 37:7 dice, Guarda silencio ante Jehová y espera en él.    Durante los primeros seis días, todo el ejército debió rodear a Jericó en completo silencio.  ¿Qué pensarían los que estaban en el muro de Jericó?  Quizá hubo burlas, insultos, palabras ofensivas, retos etc.  Muchas veces el silencio nos induce a crecer en serenidad y confianza ante Dios.  Las palabras son importantes y valiosas, pero hay momentos en es  mejor callar, guardar silencio y saber esperar en el Señor.  La disciplina del silencio nos da tiempo y serenidad para hablar con más cuidado.  Es un fuerte llamado al dominio propio. Santiago 1:19 nos recuerda, ….todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.  Sin duda alguna, la ordenanza del Señor era una manera extraña de ir a una pelea (v. 4, bocinas y en silencio).

            Aún con la forma tan extraña de enfrentar un enemigo fuerte, bien atrincherado y dispuestos a morir por su ciudad, Josué junto con su ejército, debían  tener expectativas que Dios haría el milagro de derrumbar esas formidables murallas y que tomarían la ciudad.  Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas, y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó.  El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia delante, y la tomaron (v. 20).  Los muros cayeron de acuerdo a lo que Dios ya había dicho (v. 5).  ¿Cuáles son nuestros muros que deben caer?  Pongamos en acción nuestra fe.  Para que esos muros cayesen, el pueblo debía cumplir su parte.  ¿Cuál es nuestro enfoque de los muros que enfrentamos?  Son más altos que nuestro Dios o Dios es alto que ellos.  Centrémonos en Dios y en el poder de Su fuerza.  El pueblo debía dar vueltas en silencio y después gritar e ir adelante a tomar la ciudad y destruir todo lo encontrado.  Obediencia completa hace la diferencia en nuestras vidas.  Derribemos todos aquellos muros, pongamos en acción nuestra fe en el Dios que todo lo puede.  

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