lunes 12 de enero de 2015

La Biblia y en la familia (Por Marcelo Figueroa, La Biblia en las Américas, #4 2006, p. 8-15).

La  Biblia y en la familia (Por Marcelo Figueroa, La Biblia en las Américas, #4 2006, p. 8-15).
Las familias, si bien forman una entidad social autónoma, viven y se desarrollan en un contexto social y temporal determinado.  En la actualidad, ese contexto presenta características singulares y contradictorias que influyen en la vida familiar de diversas maneras y con intensidades diferentes.  Es nuestro deseo que estas breves reflexiones estimulen a otros a continuar y perfeccionar estos pensamientos y de esta  manera hacer que la Biblia signifique para la vida individual, familiar y de la sociedad actual no un libro más sino el horizonte y la guía indispensable para una vida más plena que dé honra a Dios, nuestro Padre, Creador del maravilloso continente llamado familia.
            Jesús finaliza su sermón del monte con una parábola en donde participan dos personas que construyen su casa (Mateo 7:24-29).  Allí, el Señor traza una relación directa de causa-efecto, siembra-cosecha, de dos conductas opuestas frente a un mismo hecho.  No duda en calificar a uno de los edificadores como prudente y al otro como insensato.  El prudente trabaja sobre bases firmes y el otro construye sin fundamentos sólidos.  Luego, circunstancias adversas afectan a ambos por igual y las consecuencias resultan inevitables y evidentes.  Para el insensato la ruina de su casa y para el otro la permanencia de su vivienda.  Esta enseñanza magistral de Jesús relaciona al prudente con aquel que oye la palabra de Dios y la pone en práctica, y al insensato con aquel que oyendo esa misma palabra, no la obedece.  El pasaje nos muestra una comparación entre alguien que hizo lo correcto y alguien que no lo hizo.  El apóstol Pablo nos recuerda que además de poner cuidado en la piedra fundamental de la construcción se debe seleccionar diligentemente los materiales de la edificación (1 Cor. 3:10-14).   En la construcción de una familia cristiana vigorosa es fundamental la aceptación de la autoridad de la palabra de Dios que tendrá su manifestación práctica en el desarrollo de las virtudes cristianas como el amor, el servicio, la piedad etc.
            Hoy día, la búsqueda de la felicidad consiste en la satisfacción inmediata de los deseos y apetitos más urgentes, los que se vuelven absolutos autoritarios.  La familia actual, afectada por  estos conceptos individualistas y egoístas, debe buscar en la Biblia los valores más sublimes del amor y la verdadera libertad.  En los evangelios, Jesucristo enseña que la libertad viene del conocimiento de la verdad revelada en las Sagradas Escrituras las cuales a su vez dan testimonio de él (Juan 5:39), quien a su vez encarna la verdad (Juan 14:6).  El abandonar los conceptos fundamentales de la vida familiar en manos del análisis subjetivo de cada integrante lleva en muchos casos al vaciamiento de la familia como una entidad.  En algunos casos, la maternidad es considerada solamente como una experiencia de autorrealización individual que no necesita de la formación de una familia.  De esta manera se puede considerar al hombre como mero semental al servicio de este concepto egoísta de la genética de la fecundidad, una mujer podría decidir ser madre a partir de un padre conocido o desconocido, vivo o muerto y hasta elegir los rasgos raciales que sean de su agrado. 
            Uno de los aspectos que resulta más patético en la parábola de los edificadores que considerábamos al principio es que, exteriormente las dos casas era iguales.  En lo exterior parecían idénticas, pero en lo  fundamental y profundo sus diferencias eran dramáticas.  Mientras en un caso se puso el empeño y el esfuerzo en sustentarla con bases sólidas, en el otro se buscó el camino fácil de la apariencia creyendo que los fundamentos eran un aspecto intrascendente de la existencia, mientras lo aparente era la meta última. Este aspecto de la parábola describe muy bien el pensamiento actual. 

            Los integrantes de una familia se ven muchas veces invadidos por esta exaltación de la apariencia y la imagen que proclama la sociedad actual.  En la Biblia vemos cómo aun los detractores de Jesús lo reconocían como quien no se basa en las apariencias y la imagen exterior de las personas.  Maestro, sabemos que eres amante de la verdad y que enseñas con verdad el camino de Dios, y no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres (Mateo 22:16).  Cada integrante de la familia debe encontrar en su seno el ambiente de aceptación y amor para desarrollar su personalidad con autenticidad. 

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