lunes 26 de enero de 2015

Venciendo en el Nombre de Jehová (1 Samuel 17:39-50).

Venciendo en el Nombre de Jehová (1 Samuel 17:39-50).
Una de las historias bíblicas más conocidas y populares es la batalla entre David y Goliat.   Su relato ha sido divulgado por tantos medios inclusive llevado a las pantallas como también en dibujos animados.  Sea como sea, Dios ha usado esta historia para enseñarnos a depender de Él y del poder de Su fuerza y no en los recursos o talentos propios. 
            Todos en la vida tenemos gigantes a enfrentar como Goliat.  Es interesante el relato bíblico donde nos dice entre otras cosas:
            1.  Fue una batalla no entre dos ejércitos (es lo normal) sino entre dos personas.  Ambos tenían una gran responsabilidad sobre sus hombros.
            2.  Goliat representa aquellos gigantes que debemos enfrentar en nuestra vida:  burlas, depresiones, engaños, deudas, decepción amorosa etc.
            3.  Ser victoriosos en nuestras vidas, no significa que no enfrentemos gigantes, sino más bien, es saber enfrentarlos solamente por medio del poder de Dios.
            4.  La victoria de David sobre Goliat se basó en la suprema confianza que tenía en el Dios que lo había protegido siempre (v. 37, Jehová que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo….)  ¿Y nosotros en quién estamos confiando?
            5.  Nombre:  constituye una descripción del carácter de la persona.  Represente aquellos atributos y cualidades divinas y que expresan lo que Dios es.  Jehová de los ejércitos:  Jehová significa, ser existente, Dios eterno (Salmos 24:9-10, Apocalipsis 1:4, 8, 4:8).
            Para poder vencer en el Nombre de Jehová, primero debemos ver a Dios no los gigantes.  La reacción de los soldados de Israel al ver al gigante Goliat era huir de su presencia llenos de temor.  Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo….Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor (1 Samuel 17:11, 24).   No era para menos.  Goliat era un gigantón que tenía una estatura de 2.7 metros acompañado de una armadura formidable.    Este hombre lleno de autoconfianza en su estatura y armadura, desafió al ejército de Saúl por 40 días,  Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí.  Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos, y  si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis….Hoy yo he desafiado al campamento de Israel, dadme un hombre que pelee conmigo….Venía, pues, aquel filisteo por la mañana y por la tarde, y así lo hizo durante cuarenta días ( 1Samuel 17:8-10, 16).  ¿Por qué venció David a Goliat siendo este un jovencito sin experiencia en batallas?  La respuesta es muy sencilla.  Mientras los soldados de Saúl miraban al gigante Goliat, David centró su mirada en la grandeza y poder de Dios no en la persona de Goliat.  David había desarrollado y fortalecido una relación estrecha con Dios y en momentos de dificultad, tuvo su protección y respaldo.  Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo (v. 37).   Sencillamente, si nos concentramos en los gigantes tropezaremos.  Si nos concentramos en Dios, ellos caerán y tendremos la victoria sobre ellos. 
            Otra razón para salir victoriosos sobre nuestros gigantes, es siendo quienes somos (v. 38-40).  Hay unos elementos indispensables en la batalla contra nuestros gigantes.  No escuchemos voces de desánimo.  Cuando David se ofrece ir a pelear contra Goliat, Saúl le dice, no podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear contra él, porque tú eres un muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud (v. 33). No podrás, fueron las palabras que David escuchó.  Todos estamos de acuerdo en el poder de nuestras palabras.  La muerte y la vida están en poder de la lengua….(Prov. 18:21ª).  Si David no tuviese su plena confianza en el Dios de Israel, las palabras de Saúl hubieran sido suficientes para desalentar a cualquiera menos a David.  Por otra lado, enfrentemos nuestros gigantes  siendo quienes somos.  Explico, Saúl con toda buena intención y tratando que David luciese lo más rudo posible contra Goliat, lo viste con su ropa y armadura.  Y probó a andar…..Yo no puedo anda con esto, porque nunca lo practiqué.  Y David echó de sí aquellas cosas (v. 38-39).  Excelente decisión tomó David.  Todo lo que Saúl le puso encima a David era de estorbo completo.  Si David queriendo complacer al rey Saúl y se deja encima todo, hubiera sido presa sumamente fácil para Goliat.  Lo que funcionó en unos no es regla para todos.  No a la imitación usando las vestiduras de otros.  Dios nos ha credo para ser quienes somos, no para ser como otras personas.  Esto se da muy seguido cuando se trata de imitar el estilo o voz de cantantes famosos.  O de predicadores de renombre. No estemos poniéndonos la armadura de otros.  Usemos la nuestra y usémosla bien.  No podremos funcionar dentro del Cuerpo de Cristo tratando de imitar a otros. 

            Finalmente, seamos valientes al enfrentar nuestros gigantes.  Usemos nuestros recursos o capacidades recibidas del Señor (v. 40,   Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras del arroyo….tomó su honda en su mano).  La gracia y el poder de Dios se manifiesta más en nosotros cuando nos sentimos impotentes.  Jesús afirma en Juan 15:5, separados de mi nada podéis hacer.  Comparando los recursos humanos de Goliat, eran superiores a los de David.    Sin embargo, David más que confiar en sus recursos y facultades, confiaba en el gran poder de Dios.  Sin pedir ningún tipo de ayuda,  David se fue hacia el filisteo (v.40).  Sin vacilación alguna, sin nervios ni temor.  Sereno, seleccionó sus armas y cinco piedras.   La reacción de Goliat al ver al joven David, desarmado para los ojos del gigante, lo menosprecia.  Veamos lo que nos dice la TLA, ….lo consideró muy poca cosa y lo maldijo en nombre de sus dioses.  Le dijo:  ¡vaya con el niño bonito!  Vienes a pelear conmigo con un palo, como si fuera perro.  Ven acá, te voy a matar, y con tu carne voy alimentar a los buitres y a las bestias salvajes (v. 42-44).    David, sin inmutarse ni atemorizarse, reta a Goliat y le afirma,  Jehová no salva con espada y con lanza….Jehová te entregará hoy en mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza….Y sabrá esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza….y él os entregará en nuestras manos (v. 46-47).  El final es sumamente conocido.  Efectivamente David le cortó la cabeza a Goliat.  ¿Cuál de los dos era realmente el gigante?  ¿Si está enfrentando un gigante en su vida?  Tomemos el ejemplo de David, veamos a Dios no los gigantes, seamos quienes somos y seamos valientes al enfrentarlos.  Así venció David al filisteo con honda y piedra….y lo mató, sin tener David espada en su mano (v. 50).  No la necesitó, y hoy tampoco nosotros. David ayer y hoy nosotros necesitamos únicamente el gran poder de Dios.  Bendiciones. 

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