lunes 04 de mayo de 2015

La parábola del hijo pródigo (I acto), Lucas 15:11-24.

La parábola del hijo pródigo (I acto), Lucas 15:11-24.
De las parábolas de Jesús, es probablemente la más conocida y completas de todas.  En ella, de forma magistral, el Señor describe la petición del hijo menor, donde exige antes de tiempo parte de la herencia que según él le pertenece.  Contrario a la costumbre, el padre accede.  Esta historia, bien puede representar muchos y muchos hogares de hoy día lleno de tensiones y donde las buenas relaciones familiares se pierden y la paz no existe. 
            La parábola describe un hogar monoparental.  Estos hogares son aquellos donde por diversas razones falta uno de los padres.  Esto muy común hoy día en todas partes del mundo.  En esta caso, Jesús no menciona a la madre.  No sabemos la razón de la falta de ella.  Es interesante, según las estadísticas de 2011, en Canadá la  familia convencional (padres de ambos sexos) es cada vez menos.  En la provincia de Quebec es donde hay más parejas en unión libre.  En esta caso, este hogar faltaba la madre que no deja de ser un grave problema. 
            Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde, y les repartió los bienes (v. 12).  El hijo realmente no pidió sino más bien exigió.  Según la costumbre de entonces, el espíritu de la petición equivale a decir:  ¡Padre, estoy ansioso que te mueras!   Un típico padre de esa región le respondería con una bofetada y lo echaría de casa.  Sin duda alguna, este muchacho estaba ansioso de marcharse de casa.  Quería libertad, diversión, gozar y disfrutar su vida a su antojo y sin restricciones.  Desde luego que para el padre debió ser un momento complejo y triste.  ¿Qué debemos hacer los padres cuando los hijos hacen cosas que no estamos de acuerdo?  Según la edad de ellos, debemos respetar sus decisiones.  Los hijos deben aprender por sus propias experiencias.  El amor de los padres debe manifestarse a pesar del comportamiento de ellos. 
            El hijo menor cometió varios errores con graves consecuencias (v.13-16).  Hay un detalle relevante que no debemos ignorar, el padre no estaba obligado a dar al hijo lo que pedía.  La ley judía permitía la división de bienes  una vez que el padre tomaba él la decisión  no el solicitante.  No muchos días después, juntándolo todo….(v. 13).  Este joven no esperó que pasarán muchos días.  Casi de inmediato vende todo lo recibido.   Tenía todo planificado, él quería dinero en efectivo.   La costumbre de entonces el hijo podía recibir la herencia pero no venderla.  Eso era considerado como una vergüenza en la familia.  Se fue lejos a una provincia apartada (v. 13).  La cultura judía tenía una ceremonia llamada qetsatsah.  Era una especie de castigo que la comunidad aplicaba cuando el hijo hacia justamente lo que hizo.  Le hacían el vacío (lo ignoraban, le negaban el habla)  lo mejor era irse de la comunidad y no debía regresar.  Y allí desperdició sus bienes perdidamente (v. 13).  Lo que no cuesta, hagámoslo fiesta.  Desperdició significa dilapidó, gastar desordenamente el dinero, es como aventar el grano al aire y dejar que el viento se lleve los residuos.   Viviendo perdidamente significa, vida licenciosa y libertinaje moral. 
            Gálatas 6:7 dice, todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.  Las consecuencias de los errores cometidos por este joven no tardaron en llegar a su vida.  Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle (v. 14).  Empezó a tener hambre.  ¿Y los amigos?  Según Proverbios 19:4 dice una gran verdad, las riquezas traen muchos amigos.  Este joven debe llagar a su realidad de forma brusca, dura y directa.  Hasta entonces había vivido algo irreal.  Se ve forzado a buscar empleo.  Lo único que pudo encontrar era apacentar cerdos.  Debemos aclarar que ningún trabajo desmerita.  Pero para la cultura judía, criar cerdos era humillante.  Este joven era ágil para exigir sus derechos pero inexperto para el trabajo.  Estaba tan solo y desamparado que su salario no le ajustaba ni para comer (v. 16, Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada).  ¿Y los amigos?

            Su situación es grave y reflexiona, Volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! (v. 17).  Se dio cuenta al fin que todas sus decisiones habían sido equivocadas.  Nunca debió salir de casa y lo peor, despilfarrar lo recibido por su padre e irse lejos de su presencia.  Los empleados de casa tenían mejores beneficios comenzando con la abundancia de pan y él sufriendo con tantas necesidades sin cubrir.  Me levantaré e iré a  mi padre (v. 18).  Es la mejor decisión que había tomado en su tiempo.  Él era el único culpable de su situación y él era el único en buscarle solución.  Debe regresar a casa humildemente (v. 19, no soy digno de ser llamado tu hijo….).  cuando se marchó, jamás pensó en regresar y muchos menos en esas condiciones.  Su única solución es el amor, protección y respaldo del padre. ¿Y qué de la ceremonia qetsatsah?  Está regresando a casa con las manos vacías.  ¿Cómo lo recibiría la comunidad?  Este joven no respetó la costumbre y ley de no vender la heredad.  Aquí está este muchacho planeando su propia solución.   ¿Esta es su situación?  Le animamos buscar la reconciliación con aquella y esta en paz.  Que bueno es estar en paz y armonía con aquellos que nos rodean.  Bendiciones a todos.

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