lunes 15 de agosto de 2016

Corriendo para ganar (Hebreos 12:1-2).

Corriendo para ganar (Hebreos 12:1-2).
Hoy todo el mundo tiene sus ojos concentrados en Río de Janeiro, Brasil.  En esa bella ciudad, se están desarrollando los XXXI Olimpiadas o mas comúnmente como Río 2016.  Es un evento multideportivo dirigido por el Comité Olímpico Internacional se celebra actualmente en Brasil entre el 5 y el 21 de agosto del 2016.  Según los encargados se esperan unos 11,000 atletas de 206 diferentes países.  Todos ellos, participan con la ilusión de llevarse la gloria con una medalla.  Sin embargo, no todos lo logran.
            La maratón es la carrera de resistencia en los juegos olímpicos de 42 km con 195  metros.  Su origen se debe cuando en el año 490 aC el general Ateniense Milcíades derrotó a Darío el persa cerca de la ciudad de Maratón a 40 kilómetros de Atenas.  Según la leyenda, el corredor enviado Filípides habría muerto de fatiga después de su recorrido y anunciar la victoria sobre el ejército persa.  En realidad, Filípides recorrió el camino desde Atenas hasta Esparta para pedir refuerzos, lo que serían unos 225 kilómetros.  Aún así, el mito ganó mucha popularidad sobre lo que realmente sucedió.  El corredor tomó tanto empeño en llegar a su destino a la mayor brevedad que, cuando llegó, cayó agotado y antes de morir sólo pudo decir una palabra:  nikh (nike), victoria en griego antiguo (Tomado de Wikipedia). 
                  Así como los juegos olímpicos exige disciplina, entendemos que la vida cristiana también.  Muchos de nosotros encontraremos a través de nuestra existencia, obstáculos, desilusiones y mucho mas que podrán afectarnos para no seguir corriendo. Sin embargo, así como el atleta, es menester perseverar para seguir corriendo y lo mejor, para ganar.  Cuando los deportistas mantiene una correcta disciplina, tarde o temprano será coronado con su medalla.  Desde luego, eso significa que ha tenido que dejar muchas cosas agradables pero que le hubieran afectado para perseverar en su carrera y ganar.  El triunfo en la vida cristiana es una responsabilidad nuestra.  Desde luego Dios tiene su parte, no debemos olvidar que nosotros también tenemos nuestra cuota de responsabilidad.  Hay muchos elementos significativos para que un deportista gane una competencia.  Por razones de espacio veremos tres de ellas.
            Primero,  debemos despojarnos de todo peso que nos afecta (v. 1).  Los fabricantes de ropa deportiva lo saben muy bien.  Ellos siguen confeccionando tipo de ropa lo mas ligera posible.  Eso hará, que el deportista pueda correr o competir en la disciplina correspondiente sin que su vestimenta le estorbe su peso.   Espiritualmente hablando, el pecado es la acción que ofende la santidad de Dios y afecta nuestra relación con el Creador.  El verbo despojarse es un participio con voz activa.  Lo anterior significa sencillamente, que nuestra vida debe estar constantemente despojándonos del pecado que cometemos.  Esa acción y decisión debemos hacerla cada uno de nosotros.  Nadie mas puede hacerla por nosotros.  Despojarnos del pecado no depende de Dios (él lo perdona) pero nos corresponde a nosotros confesarlo (eso es despojarnos).  Proverbios 28:13 nos recuerda, El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.  Este versículo debe estar en nuestra mente, cabeza y corazón siempre. Agregamos una nota mas respecto al peso.  La falta de perdón es una enorme carga que no nos permite corres con agilidad.  Cuando perdonamos nosotros mismos nos beneficiamos.  Efesios 4:32 dice,   Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.  La vida de José al perdonar a sus hermanos, sigue siendo un hermoso ejemplo de perdón (Génesis 45:1-7).
            Segundo, debemos correr con paciencia (v. 1).  Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.  La paciencia es un fruto del ES (Gálatas 5:22).  La paciencia es la capacidad de soportar molestias sin rebelarse, es saber esperar.  La paciencia provoca madurez en la vida cristiana.  No se logra de la noche a la mañana.  Las adversidades de la vida provocan paciencia en la vida cristiana (Santiago 1:3, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia).  Para un atleta,  correr con paciencia quizá es una contradicción (especialmente en la carrera de 100 metros planos).  Cuando no tenemos paciencia, cualquier cosa nos afectará, nos hará apartarnos de nuestra carrera diaria.  La falta de paciencia y tolerancia afecta y complica la vida y sus relaciones.  Así que, corramos con la actitud de ganar no olvidando ser pacientes.

            Finalmente, debemos fijar nuestra mirada en Jesús (v. 2, puestos los ojos en Jesús….).  Puestos, es una acción constante.  Es no quitar nuestros ojos en Jesús.  Cuando el atleta está en competencia, nunca quita su mirada en la meta como tampoco, debe fijarse cómo van corriendo los demás competidores.  Cuando el apóstol Pedro caminó sobre las aguas, mientras mantuvo su mirada en Jesús no tuvo ningún problema.  Su situación cambió, cuando quitó su mirada en el Señor y le dio mas importancia a las olas del mar.  Comenzó a hundirse (Mateo 14:30).  Cuando fijamos nuestra mirada en Jesús, debemos olvidar el pasado con todas sus frustraciones y heridas que nos hayan ocasionado.  La carrera cristiana tiene sus obstáculos también.  Así como los juegos olímpicos exige disciplina, entendemos que la vida cristiana también.  Muchos de nosotros encontraremos a través de nuestra existencia, obstáculos, desilusiones y mucho mas que podrán afectarnos para no seguir corriendo. Sin embargo, así como el atleta, es menester perseverar para seguir corriendo y lo mejor, para ganar.  Bendiciones a todos. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario