lunes 19 de diciembre de 2016

Tú dejaste tu trono por mi (Lucas 2:1-20).

Tú dejaste tu trono por mi (Lucas 2:1-20). 
Tú dejaste tu trono y corona por mi.  Al venir a Belén a nacer.  Mas a ti no fue dado el entrar al mesón.  Y en pesebre te hicieron nacer……Tú viniste, Señor, con tu gran bendición, para dar libertad y salud.  Mas con odio y desprecio te hicieron morir, aunque vieron tu amor y virtud. 
            ¿Cómo pudo Cristo dejar un lugar tan perfecto, lleno de gloria y adoración?  Fue por mi…..1 Juan 3:16 afirma, En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros.  El modelo del amor bíblico, lo encontramos en Cristo:  es un amor de entrega, sacrificio y servicio.  Estamos en la época de navidad, ¿cuál debe ser nuestra actitud y motivación ante esta fiesta?  Podemos celebrarla en medio del consumismo que el comercio nos empuja.  Los regalos son casi una obligación, el preparar mucha comida, el consumo del alcohol, el árbol con sus luces y sin olvidar a Papá Noel que ha venido a reemplazar la figura de Cristo.  Pero también podemos tener una actitud reflexiva donde reflexionamos por qué celebrar y cómo celebrar esta fiesta.  Cuando nos vamos al texto bíblico y cómo se describe el nacimiento de Jesús, nada tiene que ver en cómo el mundo celebra tal acontecimiento.  Es de mantener un balance en el mismo.  Estamos de acuerdo que la Biblia no menciona fechas sobre este acontecimiento.  Poco a poco, se han ido agregando elementos extrabíblicos que se han impuesto a la narración bíblica.  Es ahí donde el creyente genuino, debe mantener el balance adecuado y no dejarse engañar o confundir en cómo celebrar esta fiesta y cómo debe impactar nuestra manera de vivir. 
            Primero, Tú dejaste tu trono por mi y nos trajiste paz y promover relaciones entre los hombres (Lucas 2:14, ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! ).  La venida de Cristo tiene beneficios para toda la humanidad.  Los ángeles anuncian paz en la tierra….Debido al pecado de la humanidad, hubo enemistad con Dios.  Cristo con su muerte y resurrección nos ha reconciliado con Dios Padre.  Romanos 5:10 nos dice, Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios, por la muerte de su Hijo, mucho mas, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.  Reconciliar es:  restablecimiento de relaciones, amistad, volver a unirse.  Es dejar atrás el enfrentamiento u ofensa recibida.  Esa paz o reconciliación que ahora disfrutamos debemos practicarla entre nuestro prójimo.
            Segundo, Tú dejaste tu trono por mi, y nos demandas promover la reconciliación entre nosotros (Mateo 5:23-24, Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda).  Un conocido autor dice que nuestras relaciones interpersonales reflejan nuestra relación con Dios. Juan en su primera carta 4.20-21 nos recuerda, Si alguno dice:  Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso,  Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?  Y nosotros tenemos este mandamiento de él:  El que ama a Dios, ame también a su hermano.  Es nuestra comunión con Dios lo que provee el contenido para la verdadera comunión entre nosotros los creyentes.  No tengo una buena relación o comunión con Dios si no puedo llevarme bien con mi prójimo.  Deja allí tu ofrenda delante el altar, y anda reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.  Con ello, Jesús nos dice que primero está nuestras relaciones interpersonales.  Que nuestras relaciones interpersonales reflejan nuestra relación con Dios y si no estamos obedeciendo lo anterior no podemos afirmar que estamos bien con Dios.  Así que, llevarnos bien entre nosotros, refleja nuestra relación con Dios.  Esta época de Navidad, debe ser un tiempo de reflexión cómo nos hemos llevado con los demás.  Salmos 133:1, dice:  ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía…..Porque allí envía Jehová bendición y vida eterna. 

            Y tercero, deberes a cumplir con los demás (Romanos 12:16-21).  Veamos por lo menos tres deberes que usted y yo debemos mostrar con nuestro prójimo.  Unánimes entre vosotros,  no altivos….(v. 16).  La humildad es una virtud poco apreciada, poco valorada y poco anhelada.  Para la cultura griega, ser humilde era sinónimo de débil y despreciable.  Hoy día es triste y penoso cuando en medio de la iglesia se promueve el culto a la personalidad del líder de turno (eso es contrario al espíritu de humildad que la Biblia enseña). Jesús es nuestro mejor modelo de humildad. Aprended de mi. Que soy manso y humilde de corazón….(Mateo 11:29), Pablo agrega en Filipenses,  Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres….se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte….(Fil. 2:5-8). No paguéis a nadie mal por mal, procurad lo bueno delante de todos los hombres (v. 17).  Navidad es una época que nos recuerda hacer el bien a los demás.  Eso es contrario a la ley del talión  (Éx. 21:24).  Esta era una ley con un principio jurídico retributiva en el que la norma imponía un castigo al daño recibido.  De esa manera se obtenía la reciprocidad.  Este principio jurídico queda sin efecto cuando Jesús legisla una nueva ley.  Mateo 5:38-39 nos dice, Oísteis que fue dicho:  Ojo por ojo, y diente por diente.  Pero yo os digo….Procurad, significa, de antemano, buscar por adelantado, esfuerzo para obtener algo.  El buen samaritano es un buen ejemplo de alguien que procura cómo hacer el bien a los demás (Lucas 10:31-35).  Seamos vencedores haciendo el bien.  Pablo en Romanos 12:21 nos recuerda, No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal (v. 21).  No permitamos que el mal o daño recibido nos venza y nos deje abrumados.  No permitamos que nuestra propia maldad nos venza y reaccionemos haciendo daño a los demás.  Tengamos la capacidad de vencer nuestra propia maldad haciendo el bien a los otros.  Ese espíritu debe permanecer en nosotros a través de los 365 días del año.  La última estrofa del himno citado al inicio dice:  Alabanzas sublimes los cielos darán, cuando vengas glorioso de allí.  Y tu voz en las nubes dirá:  ven a mí, que hay lugar junto a mí para ti.  Navidad, es una época de reflexión espiritual donde debemos promover lazos de paz, reconciliación y perdón con aquel que nos hizo daño.  ¡Feliz Navidad para todos!   

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