lunes 13 de noviembre de 2017

Raíz y manejo de los conflictos en la iglesia (Allan Pacheco Rodriguez, Apuntes Pastorales, Vol. XIV, # 3).

Raíz y manejo de los conflictos en la iglesia (Allan Pacheco Rodriguez, Apuntes Pastorales, Vol. XIV,  # 3).
         Los conflictos en la iglesia están a la orden del día.  Ninguna iglesia escapa a tener que enfrentarlos.  En realidad, los conflictos son parte integral de la experiencia humana y por extensión, de la experiencia de la iglesia.  Sin embargo, existen muchos conflictos que son innecesarios, y como responsables de los destinos de la iglesia del Señor, debemos tomar las medidas pertinentes para evitarlos o prevenirlos en la medida posible.  Jesucristo nunca prometió a sus discípulos que al seguirlo quedarían exentos de conflictos.  Por el contrario él se ocupo de prevenirlos para que cuando llegara el momento de experimentar el conflicto, no tropezaran sino que tuvieran paz y confianza en él (Juan 16:1-4, 33).
         A la luz del Nuevo Testamento, debemos considerar los conflictos como pruebas.  En ese marco es que Pedro exhorta a sus interlocutores a no sorprenderse del fuego de la prueba como si algo extraño o negativo estuviera aconteciendo (1 Pedro 4:12).  Santiago por su parte, nos llama a tener como motivo de gran gozo el hecho de hallarnos en diversas pruebas, pues éstas tienen el propósito de llevarnos a ser perfectos y completos sin que nos falte nada (Stg. 1:2-4).  Por tanto, nuestra concepción del tema de los conflictos en la iglesia no debe ser fatalista ni pesimista. El tema de los conflictos es un asunto delicado, serio y digno de ser manejado con sumo cuidado por causa de los efectos tan nocivos que éstos pueden producir en la vida de las iglesias. Sin embargo, no por ello tenemos que considerarlos como un asunto intrínsecamente malo. Es verdad que tienen la potencialidad de llegar a serlo, pero si se manejan adecuada y correctamente, a la postre se convierten en experiencias positivas para nuestro crecimiento y madurez como hijos de Dios.  Precisamente lo apunta Santiago en el texto citado y también lo hace Pablo cuando afirma que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28).  Por todo esto decimos que el aspecto crítico del conflicto, no es la existencia de éstos en la iglesia, sino el manejo que se les dé a los mismos.
         Reconocemos que en medio de los conflictos afloran pasiones carnales y nuestro enemigo pretenderá sacar algún provecho de los mismos.  Sin embargo, no son los conflictos los que generan estas pasiones pecaminosas, sino lo contrario:  son aquellas pasiones las que producen los conflictos.  Los conflictos son positivos en la medida que nos ayudan a descubrir la existencia de las pasiones que los generan.  Podemos definir el conflicto como cualquier circunstancia que produce incomodidad, molestia o aflicción.  Dentro de este marco conceptual reconocemos la existencia de diversos conflictos fundamentales:  los personales, los interpersonales y los grupales o colectivos.  Todo conflicto personal tiene el potencial de convertirse en un conflicto interpersonal, y a su vez, todo conflicto interpersonal puede llegar  a convertirse en uno colectivo.  Lo anterior nos muestra la interrelación existente entre estos tres tipos de conflictos fundamentales, pues ninguno existe en forma aislada, sino de alguna manera interactúan entre sí. 
         Santiago presente la sabiduría como base de la correcta conducta cristiana en el ámbito de las relaciones interpersonales.  Esta área es una de las mas propensas para la generación de conflictos en la iglesia.  El pensamiento de Santiago es que los conflictos interpersonales en la iglesia son producto de la conducta de los creyentes, y esta conducta está condicionada por el tipo de sabiduría que éstos hayan adoptado.  ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? (Stg. 3:13).  Es en este punto donde Santiago presenta una demanda, el que se considera sabio y entendido:  Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre (3:14).  La idea del autor es que la buena conducta debe resultar en obras que debían ser mostradas en sabia mansedumbre.  Esta última expresión (sabia mansedumbre) indica la actitud con que esa demostración  debe ser realizada. 

         Resumiendo todo, Santiago dice que el que fuera sabio y entendido debía exhibir, como resultado de la buena conducta, sus obras con la actitud normal de mansedumbre que pertenece a la verdadera sabiduría.  Así que, cuando enfrentemos conflictos, tener presente las recomendaciones oportunas de Santiago.  Dios les bendiga. 

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