lunes 15 de enero de 2018

Bienaventurados los pobres en espíritu y los que lloran (Mateo 5:3-4).

Bienaventurados los pobres en espíritu y los que lloran (Mateo 5:3-4).
Las bienaventuranzas son demandas para una vida diaria equilibrada.  Son para todo creyente en Cristo y no para un grupo privilegiado.   Las bienaventuranzas califican al verdadero siervo de Dios.  Ellas nos abren la puerta a la verdadera felicidad interna.  Cada una de ellas tiene una promesa para hoy y la eternidad.  Cada uno de nosotros busca la felicidad por diversos medios.  Jesús en estos capítulos nos dice cómo lograrlo.   Adán en el huerto, tomó sus propias decisiones y no siguió las indicaciones divinas.  Los resultados ya lo sabemos todos.  Jesús nos dice cómo podemos disfrutar de los beneficios del reino de los cielos.  Cuando un hombre o mujer ciudadano del reino de los cielos funciona según las reglas divinas, tendrá orden en su vida, autoridad y provisión.   Lo contrario será el caos (lo vemos en el mundo de hoy).  ¿Qué dirección tomares?
         Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (v. 3).  Para la gran mayoría, podemos afirmar que Jesús habla de las personas con pocos recursos económicos.  Sin embargo, pobreza espiritual no tiene nada que ver con posesiones materiales.  Mateo 12:15 nos recuerda,   Mirad, y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.  Entonces ¿qué es ser pobre en espíritu?.
         Cuando Jesús habla de pobres en espíritu, se refiere al hombre humilde que pone su confianza en Dios.  Es el primer requisito para ser ciudadano del reino de Dios.  Pablo en Gálatas 2:20 dice, …ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi.  Cristo nos llama a vivir una vida en humildad (virtud que nos anima a tener conciencia de nuestras propias limitaciones, debilidades y obramos en consecuencia).  Una persona humilde no tiene complejos de superioridad ni inferioridad.  No se vanagloria de sus éxitos ni posesiones logradas.  Es aquella persona que no se considera justa por sí misma delante de Dios.  Su molde está en Cristo.  David en el Salmo 51:17 escribió, …Al corazón contrito y humillado, no despreciarás tú, oh Dios.  Dios se agrada de los humildes (1 Pedro 5:5-6, …Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.  Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo).  La Biblia describe muchos personajes que fracasaron por falta de humildad.  Lucifer (Isaías 14:12-15 dice, ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!...Tú que decías en tu corazón:  Subiré al cielo, en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte, sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.  Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo).  El rey Uzías es otro personaje que tuvo un buen inicio pero debido a su orgullo terminó muy mal.  En 2 Crónicas 26:5 dice, Y persistió en buscar a Dios…y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó, el v. 16 agrega, Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina… v. 21, Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová….  Jesús promete a todos aquellos que tienen pobreza espiritual el reino de los cielos les pertenece.  En 1 Pedro 1:4 encontramos que el reino de los cielos es para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.
         Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación (v. 4).  Mateo usa el término mas fuerte y severo para llorar.  Representa el dolor mas profundo y la pena mas severa.  Podemos encontrar muchas razones porque llorar.  La vida no siempre será risa y felicidad.  A menudo aprendemos mas y maduramos en los momentos de tristeza que en los momentos que todo va bien (Santiago 1:2-4).  Lloramos por la perdida de un ser querido, la enfermedad de alguien, por la maldad del mundo, nuestro propio pecado y maldad.  Encontramos en 1 Pedro 4:12 una advertencia:  Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese. 
         En ninguna parte de la Biblia, Dios ha prometido una vida fácil, sencilla y agradable.  Muchas veces la prueba viene  a nuestra vida para humillarnos (2 Cor. 12:7-9).  Es interesante cuando la vida está tranquila y estable, vivimos por medio de los sentidos y no por la fe.  Jesús es nuestro ejemplo de una vida de sufrimiento (Hebreos 5:7-9).  La Biblia describe personas que lloraron por diversas razones.  Jesús ante la tumba de Lázaro (Juan 11:35, Jesús lloró). El profeta Isaías describe a Jesús como varón de dolores, experimentado en quebranto…David como producto de necesidad espiritual exclama:  Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche (Salmo 42:3).  El profeta Jeremías (9:1, ¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!).  El apóstol Pablo no fue la excepción (2 Timoteo 1:3-4, Hechos 20:31). 

         El concepto bíblico del llanto es el de reconocer una necesidad y presentarla al Dios de toda consolación.  Lloramos cuando estamos conscientes de nuestro pecado.  Debemos hacer a un lado nuestro orgullo (Is. 55:7, Deje el impío su camino, y el hombre  inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios, el cual será amplio en perdonar).  Ellos recibirán consolación, es la promesa de Jesús para todos aquellos que reconocen su pecado y se sienten tristes por la ofensa hecha a Dios.  Nuestro primer Consolador fue Jesús (Juan 14:16, Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador).  Mateo 11:28-29 encontramos la invitación de Jesús de venir a él y encontrar en él descanso y consuelo.  Dios les bendiga. 

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